jueves, 11 de agosto de 2011

Bye Bye Bangkok

Día 7 de mayo.  Nos levantamos tarde y resacosos…  Qué decir, la noche dio bastante de sí… jej.
Una vez despejados, recogimos las cosas y las metimos en las mochilas.  Era nuestro último día allí y queríamos dejar abajo en recepción las cosas para que nos las vigilaran, ya que no era plan de cargar con todo durante todo el día.  Así pues, nos fuimos ligeros a la calle.  Nuestro primer paso era comer algo, así que fuimos a la estación de tren y nos sentamos en un local que ya conocíamos y que está muy bien.
Después de esto fuimos al metro y nos bajamos en el Lumphini Park, el más famoso de Bangkok.  Anduvimos por allí un rato, nos tropezamos con un lagarto… Bueno, Anna casi lo pisa, pero dio un salto y casi se sube a un árbol… No sé que tipo de lagarto era, pero por este parque hay hasta dragones de komodo. Y bastante grandes. Creo que si ella hubiera visto uno de esos sale del parque por patas. Fijo.
Descansamos un poco en un banco a la sombra y decidimos salir y buscar el centro comercial MBK, muy famoso.  Nos liamos un poco y nos paseamos delante de un montón de embajadas antes de ponernos por el buen camino. Recuerdo que el sol pegaba bastante fuerte, así que cuando no había sombra, sudábamos a chorro.
Llegamos a la zona del MBK, donde hay paradas de sky train y pasaba la vía por encima de nuestras cabezas.  Aquello era un hormiguero, gente por todas partes, coches y atascos, puestos y más puestos…
Justo cuando estábamos al lado, vi que en la acera de enfrente estaba el Bangkok Art and Culture Centre, que había visto en un programa de televisión. Cuando fuimos a pasar de acera para visitarlo, vimos que en la puerta del MBK habían montado un escenario y había gente cantando, pero pensamos en verlo después.
Entramos y dimos una vuelta. Las últimas plantas estaban dedicadas a Graffitis, y muy buenos. Había otras cosas montadas, pero esto es lo que más nos llamó la atención.
Salimos y fuimos hacia el otro lado.  Cruzamos por el paso elevado y nos dirigimos hacia el escenario. Entonces nos dimos cuenta que lo que habían montado era una especie de convención manga o animé, ya que había gente disfrazada de personajes de animación por todas partes. Gente con la vestimenta más variopinta, algunos con más acierto que otros, pero bastante trabajados en general. Lo del escenario debía ser un concurso de cantar canciones de los dibujos, supongo.  Muy curioso todo, la verdad, pero entramos dentro del centro comercial.
Dentro hay tiendas por todas partes y de todas clases.  Yo creía que por ser un sitio cerrado los precios serían más elevados y la ropa sería de verdad, no pirata.  El caso es que no, allí todo va igual que en los mercadillos de la calle.  Y no lo entiendo, porque se supone que el gobierno de Tailandia, mira mucho lo de la piratería… en teoría…
El caso es que compramos un par de cosillas que nos faltaban y al bajar nos paramos en la misma cadena japonesa del Tesco-Lotus de Suratthani a tomar un tentempié. Todavía nos quedaban unos cuantos platos por probar, y todavía nos quedarán para cuando volvamos a venir...
Después de esto, cogimos el metro y volvimos al hostel. Íbamos mal de tiempo y les fuimos a decir que si podíamos dejar la maleta un par de horas más. No hubo ningún problema, así que volvimos al metro y nos dirigimos a un mercado nocturno diferente:  el Vespa Market.
Cuando llegamos lo estaban acabando de montar.  Aquí hay ropa usada, trastos varios, comida, bebida,… y el doble de Jack Sparrow…  Sí señor, idéntico, pero en thai.  Y, o es un flipado, o algo hay; porque tenía un portátil abierto con fotos suyas caracterizado y en escenarios raros.  Ya pondré una foto…
Nos fuimos de aquí y cogimos el metro.  Habíamos quedado con nuestros amigos en Chinatown para dar una vuelta por los puestos y cenar algo, pero no les gustó mucho la idea de comer de los puestos callejeros y pillamos unos tuk-tuk para ir a Patpong.  El otro mercado, con ropa falsa y con los pesados de los ping pong show, pero bastante mejor.  Anna y yo íbamos con la hora pegada al culo.  Dimos una vuelta con ellos por los puestos y cenamos en un KFC algo rápido.  Después de esto nos despedimos deseándoles un buen resto de viaje (3 semanas casi… ainx) y nos fuimos a coger el metro para Chinatown de nuevo.
Una vez allí, fuimos al hostel y cogimos nuestras pertenencias.  Pasamos por un 7-Eleven a comprar un par de cosillas y paramos un taxi.
Después de una carrera a lo loco, nos dejó en la terminal, le pagamos y nos quedamos allí parados, pensando en que sí, que había llegado el final…
Fuimos a facturar y de allí a la puerta de embarque.  Nos gastamos nuestros últimos Baht en sendas cervezas, que nos sirvieron de despedida, y nos fuimos a esperar para entrar en el avión, en el cual comenzábamos un regreso a casa de casi 13 horas…

De Nuevo en Bangkok, como en Casa…

Día 6 de mayo.  Hoy toca el regreso a Bangkok y quedar con nuestros amigos para celebrar como Dios manda, aunque hayan pasado unos días, mi cumpleaños. Me queda la espinita de haber estado en una Phangan en horas bajas y aquí pienso desquitarme… Vaya que sí…
Para empezar nos toca un madrugón de los buenos. Habíamos quedado a las 6 para ir al aeropuerto con el conductor del tuk-tuk y nos levantamos un rato antes. Cuando bajamos a recepción ya estaba allí esperándonos. Devolvimos la llave y nos metimos en la parte trasera de aquella furgoneta, dispuestos a golpearnos con el techo a cada bache que pillásemos. Afortunadamente las carreteras están en muy buenas condiciones y no sufrimos demasiado, pero aún y así, alguna buena nos llevamos.
El aeropuerto de Suratthani es bastante pequeño y una vez dentro no tienes problemas para orientarte. Nos dirigimos a facturar las maletas y luego nos dedicamos a esperar mientras damos cuenta de las galletas y pastas que llevábamos para el desayuno. Cuando ya no sabemos que hacer vamos a pasar el control de pasaportes y nos vamos directos a la puerta de embarque a esperar a nuestro vuelo. Estando esperando pasa una azafata de Air Asia para ver nuestras tarjetas de embarque y así adelantar faena, lo que veo muy bien. Llegado el momento de embarcar el proceso se lleva a cabo en un momento y, una vez dentro del avión, no esperamos casi nada para despegar. Y así, casi sin darnos cuenta, estamos otra vez en el aeropuerto de Bangkok, recogiendo las maletas y yendo a la parada del City Line para que nos lleve al centro. Como la vez anterior, tenemos que hacer un transbordo y coger el Metro para poder llegar a  la estación de Hua Lampong. Teníamos pensado quedarnos en el mismo hostel de Chinatown, pero cogemos otro que está en la misma calle que parecía estar mejor.
Después de acomodarnos un poco nos fuimos hacia la parada del ferry de Chinatown.  Queríamos ir a uno de los tantos mercados flotantes que hay por la ciudad, aunque sin saber muy bien como llegar a él.  Nuestros conocimientos se basaban en las explicaciones de la guía y lo que nos decía era que teníamos que bajar en la última parada y poco más… y eso hicimos, bajamos en la última, cruzamos a la otra orilla con un transbordador y… no encontramos nada de nada.  Preguntamos en una óptica pero no entendían nada de inglés (y cuando digo nada, es nada de nada), así que desistimos, volvimos a cambiar de orilla y cogimos el ferry de nuevo.
Bajamos en la zona del Gran Palacio, ya que queríamos cruzar hasta el Wat Arun para comprar una figura de Ganesha. La compramos y aprovechamos para comprar unos regalos más que faltaban en la otra orilla, la del Wat Pho.
Después de esto nos fuimos a comer algo al mercado que montan al lado del Gran Palacio, a un puesto al que le teníamos echado el ojo de la otra vez, y ya puestos, de alguno de los alrededores…
Cuando nos cansamos de dar vueltas por la zona, cogimos el bus y nos bajamos por Chinatown. Decidimos ir caminando hacia el rascacielos más grande de toda Tailandia, el Baiyoke, con su porrón de metros.  Mientras nos iba oscureciendo nos íbamos dando cuenta de que no estaba tan cerca como pensábamos.  Habíamos quedado con nuestros amigos en llamarnos para quedar para la noche y celebrar mi cumpleaños y se nos estaba echando el tiempo encima.  Visto lo visto, cogimos un tuk-tuk que nos dejó en la misma puerta del edificio.  Compramos las entradas para subir, creo que por unos 250 Baht, con bebida incluida en el bar del mirador y, después de hacer un rato de cola, accedimos al ascensor que nos dejó en una de las plantas más altas.
La verdad es que ahora no me acuerdo muy bien de cómo iban los números, pero te dejaban en una planta, donde había otro ascensor que te subía otras 2 o 3.  En esta planta es donde se encontraba el bar, y es donde tomabas las escaleras por las que accedías a un mirador sin cristales y que giraba.  Hicimos un poco de visita por las 3 plantas a las que tienes acceso y después de tomarnos una copa en el bar, bajamos a la calle.
Al girar la esquina de la manzana, hay una parada de metro.  Nos venía de muerte, ya que nos dejaría al lado del hostel.  Cenamos en un local bastante cutre que estaba bastante cerca y nos fuimos a duchar para salir a disfrutar de la noche de Bangkok.
Habíamos quedado con nuestros amigos en KhaoSan Road, la calle de los mochileros, y para llegar tuvimos que coger un tuk-tuk. Nada más apearnos y mirar hacia la calle los vimos pasar por delante y fuimos a su encuentro.  Tengo que decir que hay mucha fiesta en esta zona, y gente de todas las nacionalidades.  Nosotros cogimos una Chang y empezamos la noche…

jueves, 23 de junio de 2011

De Koh Samui a Surat Thani

Día 5 de mayo. No aprovechamos demasiado la mañana que teníamos libre antes de irnos. Caía un sol de justicia y de lo que menos teníamos ganas era de estar bajo él. Así que nos limitamos a ir a un local de cambio de moneda y volver al hotel, a la protección del aire acondicionado de la habitación.
Nos venían a buscar al hotel sobre las 12, pero en la línea de estos chóferes, llegó media hora tarde. Luego nos llevó de ruta por la isla, recogiendo a más pasajeros, hasta llegar al muelle en Thong Yang (no sé si es el nombre del muelle o de la zona) desde donde salía el ferry hacia Don Sak.
En este caso a nosotros no nos pusieron ningún tipo de adhesivos. Supongo que porque nos quedábamos en Surat Thani. A algunos de los otros pasajeros, por ejemplo, les pusieron Bangkok y pararon antes para esperar a otro bus que les llevara hasta el destino final.
Metimos las maletas en el autobús en el muelle de salida directamente, ya que venía con nosotros en el ferry. Lo dejamos en la entrada y lo recogimos en la parada de bus en Don Sak.
Después de unas cuantas horas, entre ferry y bus, llegamos a Surat Thani. En la parada ya nos estaban esperando multitud de tuk-tuks ofreciendo sus servicios. Negociamos con él el trayecto hacia el hotel y también el de la mañana siguiente para llevarnos al aeropuerto. Le pagamos una parte cuando nos dejó en el hotel y rezamos porque viniera a la mañana siguiente a buscarnos…
Llegando al hotel dentro del tuk-tuk observamos la zona y vimos que no había prácticamente nada alrededor; sólo un centro comercial, un Tesco-Lotus, que iba a ser nuestra salvación de un aburrimiento extremo.
Después de hacer la entrada y dejar las maletas, nos fuimos para el centro comercial a dar vueltas y más vueltas. La verdad es que tampoco daba para mucho, porque los precios eran más occidentales al ser tiendas normales, pero nos dio la posibilidad de ver a los tailandeses en su día a día. Éramos los únicos farangs del lugar, a excepción de una pareja que vimos de pasada y que justo salía por la puerta. Creo que no están muy acostumbrados a ver extranjeros por allí, porque no paraban de mirarnos. Además que casi nadie hablaba inglés, así que lo hacíamos todo en plan indio.
Nos metimos en la zona de supermercado a comprarnos el desayuno para el día siguiente, ya que nos levantábamos demasiado temprano como para aprovechar el del hotel. Es increíble la cantidad de variedad de todo que tienen estos orientales. Desde galletas hasta fideos instantáneos. Tendrías que estar un mes desayunando, comiendo y cenando fideos para probar todas las variedades que tienen…  Luego está el tema del arroz, allí no se andan con tonterías, los paquetes son de 5 kgs por lo menos.
Después de investigar un poco nos fuimos a comer algo a un restaurante de una cadena japonesa que había en la planta baja, Hachi-Ban Ramen, y que en su logo tiene un 8 dentro del un círculo. Te ponen unos cuencos de fideos con carne que quitan el sentío!
Una vez tuvimos el estómago lleno, fuimos a dar una última vuelta por el centro comercial, a ver si le podíamos sacar algo más de jugo, pero aquello no daba más de sí y nos fuimos caminito del hotel.
Qué decir que aquello estaba más que muerto, así que después de estar batallando con los mosquitos un rato en la puerta, nos fuimos definitivamente a la habitación. Después de todo, habíamos quedado a las 6 de la mañana con el tipo del tuk-tuk…

viernes, 10 de junio de 2011

Bajo el Sol Abrasador

Día 4 de mayo. Para este día se barajó la posibilidad de hacer una escapada de un día al Parque Nacional Marino de Ang Thong, pero la perspectiva de estar todo el día en un barco y la paliza que ello conllevaba, unido al coste de la misma (entre 35 y 42€ por cabeza) nos lo quitó de la cabeza. Pensamos que lo mejor sería que al final pasáramos el día de relax en la playa y poca cosa más. Bueno, sí, una cena en una de las muchas braserías que había a pie de calle, a la que habíamos echado el ojo la noche anterior.
Con esta idea nos levantamos con la calma y nos fuimos a desayunar al restaurante del hotel. Una vez finiquitado cogimos los bártulos y no fuimos calle abajo buscando un hotel a través del cual pasar a la playa. Esta vez nos lo pensamos menos que el día anterior, ya que sabíamos como funcionaba el tema. Teníamos pensado llegar a una playa situada al sur de la principal y separada de esta por una lengua de tierra, con casas y todo; pero teníamos que salir de nuevo a la calle para ir y estábamos bastante agobiados del sol, así que nos quedamos hacia el final de la playa principal. Hay que decir que la playa en sí está un poco sucia. La zona donde pusimos las toallas era de lo mejor, supongo que porque había unos metros hasta el primer hotel. Igualmente tampoco aguantamos mucho al sol, y tuvimos suerte de encontrar la sombra de un par de árboles donde meternos, porque si no no habríamos aguantado demasiado.
Después de unos cuantos baños nos fuimos a comer. Quisimos probar un restaurante bastante simple, sin puertas, pero que el día anterior vimos que tenía bastante clientela. En verdad parecía como un puesto callejero pero con paredes. Los cubiertos estaban es un tupper en la mesa, junto a otro tupper con diferentes especias y salsas. Bastante pintoresco. Nosotros nos sentamos al lado de un altar de estos que ponen ellos, con muñecos y comida y bebida como ofrenda. Hay que decir que triunfamos, estaba todo bueno y además nos costó muy poco.
Cerca del local había una explanada bastante grande que daba a un garito de playa y a un hotel. Fuimos hacia allá con la idea de tumbarnos en la arena un rato. Ahora se estaba mejor al sol, pero ya no nos quedaban muchas ganas de playa y nos fuimos caminando por la orilla hacia el norte de la playa. Nos paramos a tomarnos algo en un bar donde estaban pinchando buena música y montando los adornos para la fiesta de la noche. Decidimos que le daríamos una oportunidad más tarde.
Nos fuimos caminando al hotel por la calle principal, esquivando a los sastres, para ducharnos y vestirnos para ir a cenar más tarde.
Cuando estuvimos listos fuimos a la brasería que teníamos calada de la noche anterior, diciendo que no a los demás camareros de los otros restaurantes que nos salían al paso y, otra vez, esquivando a los sastres…
Esta fue la comida más cara de todo el viaje, y aún así nos costó poco más de 20€ los dos. Consistía en una parrillada para dos personas, con maíz, patatas y algo más, que ahora no recuerdo.
Totalmente llenos nos fuimos a buscar el bar en el que habíamos estado por la tarde. Por la noche había mucho más movimiento y variedad de locales de ocio de todo tipo. Cuando llegamos al sitio, allí estaba el DJ dándolo todo y toda la playa llena de gente, sentada en las mesas y las tumbonas del bar. Nos pedimos un par de cócteles y buscamos un sitio donde sentarnos.
Por allí merodeaban los autóctonos haciendo negocio con cualquier cosa. Había el que te sacaba la foto con un mono o con una iguana. Los niños que te vendían collares de flores. Los que te ofrecían encender una lámpara de estas de papel que se elevan hacia el cielo. Pero lo que más me sorprendió fue que me vinieran con un Conecta-4 para apostarse 100 Baht… lo que también se ve demasiado por estos lugares es la prostitución. Me atrevería a decir que la mayoría de chicas tailandesas que había por allí se dedicaban al negocio. Se nota demasiado… Por ejemplo, nosotros vimos a un par de cuarentones, casi cincuentones, marcharse con una chica que tenía el aspecto de no ser ni mayor de edad…
Bueno, el caso es que la música era buena y estábamos entretenidos viendo el panorama, así que nos tomamos un par de cócteles antes de dar por terminada la noche. El sitio este de la playa creo que se llamaba B-Club, o algo así, pero no estoy seguro. Vale la pena pasarse si se está por Chaweng Beach. Algo interesante también de esta zona de playa es que hay multitud de locales con música en directo, así que si no estás bien en un sitio, te vas otro y punto. En casi todos puedes ver lo que se cuece dentro desde la calle, lo que también es una ventaja. De regreso al hotel nos paramos fuera de algún que otro sitio que tenía bastante buena pinta. Si decido volver por Samui, ya haré alguna ruta de bares… jeje.

koh Samui ó Aquellos Cansinos Sastres

Día 3 de mayo. Día de traslado. Pero como esta vez el ferry sale bastante tarde, nos tomamos la mañana para perdernos por las calles del Haad Rin. La verdad es que no entra dentro de nuestros planes hacer mucho gasto en las tiendas durante el tiempo que nos queda en Phangan, pero al final algo acaba cayendo… como no!
Tomamos algo fresquito en el mismo restaurante de la noche anterior y entramos en algún que otro local para hacer tiempo, ver si hay algo interesante y aprovecharnos del aire acondicionado (sobre todo por esto último), pero no hay mucha cosa que llame nuestra atención.
Volvemos caminando hacia el hotel a ver si por el camino encontramos algún sitio donde comer algo ligero antes de que nos lleven al muelle desde donde sale el ferry, pero la verdad es que, para ser un sitio turístico, la cosa está un poco parada. Total, que acabamos llegando al hotel y decidimos que lo mejor será comer allí mismo y así nos quitamos de rollos. Un punto a favor de este plan es que la piscina está allí, mojadita y deseosa de vernos dentro, y claro, no podíamos defraudarla…
Al llegar nos damos cuenta de que hay clientes nuevos en el hotel. Bueno, clientas, y tres para ser exactos. Supongo que la del día anterior se debe haber ido ya muerta de pena. Esto lo digo porque los únicos hospedados en el hotel durante estos días (que yo sepa) han sido estas tres chicas, la del primer día y nosotros dos. Y no, al parecer la culpa no es de que el hotel sea muy chungo.
Al acabar de comer, recogemos las maletas y vamos a recepción donde nos espera un chico que nos llevará al muelle. A él le pregunto que a qué se debe que se vea tan poca gente por la isla. La respuesta es bastante esclarecedora: antes y después de la Full Moon Party no va ni el Tato. Durante los días de la fiesta los hoteles están hasta la bandera, pero para ir a las demás fiestas la gente no se mueve. En definitiva, hicimos bien en no ir a la Black Moon y para la próxima ya lo sabemos, que haya luna llena…
Nota aclaratoria: Koh Phangan está muy bien para perderse unos días aunque no quieras ir de fiesta. A nosotros no nos ha importado demasiado y disfrutamos mucho de nuestra excursión en moto.
Después de iluminarnos con la información, nos dejó en el muelle en Thong Sala, donde nos tocó esperar un rato a que llegara nuestro catamarán. Llega tarde, como viene siendo costumbre del transporte tailandés, pero una vez zarpa, en media hora estamos en Koh Samui. Llegamos a un muelle montado en una playa, lo cual es bastante chocante. Parecía que veníamos de una excursión o algo así. Aunque de hecho creo que algunos de los que venían en el ferry sí que venían de una excursión de las muchas que se organizan desde Samui, porque no llevaban ni maleta ni nada. Con el ticket que teníamos nos entraba el transporte del muelle al hotel, así que nos esperamos a que saliera el minibús que nos tenía que llevar a nosotros. No me suele pasar, pero no tenía ni idea de donde llegaba el barco y donde nos tenía que llevar… Normalmente sé hasta la distancia que lo separa, pero mira, la comodidad de llevar todo preparado es lo que tiene. De todas formas, después al mirar los mapas, casi puedo asegurar que llegamos a Nathon, en la parte oeste de la isla. Nuestro hotel, The Loft Samui, está en Chaweng Beach, en la costa este, por lo que atravesamos Samui para llegar. Chaweng es la zona más turística de toda la isla y donde se reune el mayor número de locales de ocio. Como ya he comentado antes, iba poco preparado, así que nos podrían haber llevado al culo de la isla y es lo que hubiéramos conocido, así que nos habríamos conformado.
El hotel es el mejor de los que hemos visitado y es bastante céntrico. Está al lado de un mercado que suelen hacer los martes, así que tuvimos suerte, ya que tocaba el día en que llegamos.
Después de ducharnos, nos fuimos a dar una vuelta por el mercadillo para aclimatarnos un poco con el ambiente del lugar. Le echamos el ojo a alguna cosa que otra para comer (pinchos, fideos, frutas,…) pero dejamos para más tarde lo de hincar el diente y vamos a andar por la calle principal de Chaweng.
La cosa se resume en tiendas y más tiendas, casas de masajes y casas de masajes con final feliz (anda que no cantan…) y sastres... A la zona de marcha no llegamos, pero no quedaba muy lejos.
Del tema sastres acabé hasta el gorro, por no decir otra cosa. Y es que su táctica es coger a los incautos extranjeros y comerles la cabeza en la puerta de su local para luego meterlos a traición dentro. No sé cuantos lo intentaron conmigo, pero acabaron con mi paciencia. Te ven venir, te extienden la mano para que se la des y luego no te la sueltan aunque caiga una bomba al lado. Da igual que les digas que no piensas comprar trajes, ellos te dan la vara. Supongo que les debe funcionar, porque me tocó uno que, después de decirle que no iba a comprar nada, continuó hablando tonterías hasta que me dijo “aquí fuera hace mucho calor, ¿entramos dentro?” y le tuve que mandar a paseo directamente. A partir de este no le di la mano a nadie.
Bueno, el caso es que volvimos y nos metimos en el mogollón del mercado y nos pusimos a dar vueltas mirando los puestos y decidiendo de donde íbamos a comer. El primer plato estaba asegurado: unos fideos que vendían nada más entrar. Lo demás estaba por ver. Lo que quedó por probar fueron los bicho al final, pero no importa, ya se andará.
Para bajar la comida quisimos ir a la playa a andar un poco. Y hay que ver un deseo tan simple sea tan difícil de llevar a cabo. Parecía que no había calles directas a la arena. Al final optamos por atravesar uno de los muchos hoteles que bordean la playa y dejarnos de chorradas.  Algo que no se les ocurrió a una pareja de argentinos que nos encontramos al día siguiente paseando, y que después de estar allí tres días y no haber visto el agua, la desesperación les llevó a preguntarnos a nosotros que cómo coño se iba a la playa… Increíble!
Pues andamos un rato por la oscuridad de la arena y nos fuimos a tomar la última al Pub del hotel, donde estaban tocando música en directo. Un buen final de día…

Dark Mood Day...

Día 2 de mayo. Nos levantamos con la idea de alquilar una bici para ir a conocer un poco la isla. Supongo que será por las pedazo de subidas y bajadas, pero de eso en Phangan no gastan… Así que olvidamos lo de pedalear y optamos por la opción fácil y libre de esfuerzo: una moto.
En la isla hay unas cuantas cascadas y, como estábamos interesados, preguntamos en recepción cuales son las mejores para no perder el tiempo dando vueltas sin sentido. Nos subimos en la Honda (conduciendo Anna) y, con mapa en mano, cogemos la carretera y nos disponemos a quemar el asfalto o, en su defecto, la tierra, que por desgracia es lo que más abunda…
Nos dirigimos a una serie de cascadas llamadas Than Sadet. De camino nos encontramos con la casa una pareja de lugareños que viven a pie de un camino que lleva a una cascada. Aunque que no es ninguna de las que buscamos, paramos a ver lo que hay y a picar algo; y es que esta gente vivía un poco también de venderle a los turistas refrescos, patatas fritas y cosas por el estilo.
Después de esta parada continuamos por el camino que hacía rato que dejaba mucho que desear. No sé como aguantó la moto tanto… Era como un camino de cabras, pero peor.
Bueno, el caso es que nos pasamos el cruce decisivo que nos tenía que llevar a estas cascadas. Nos dimos cuenta cuando llegábamos al siguiente cruce, vamos, lo que venía siendo hacia el final. Decidimos aprovechar y darnos un baño, aunque en la segunda playa que pisamos. Primero atravesamos un pueblo y llegamos a la playa Ao Thong Nai Pan Noi, donde contemplamos el paisaje y nos mojamos los pies. La segunda playa, a la derecha de la primera (aunque al haber una lengua de tierra de por medio había que coger la carretera para ir) era Ao Thong Nai Pan Yat.  Nos costó entrar porque casi toda es semi-privada, o puede que no, pero para llegar al agua hay que atravesar o algún hotel o meterte por algún camino entre uno y otro. Nosotros localizamos una entrada y nos metimos sin pensárnoslo demasiado. Esta zona está bastante aislada y no hay demasiada gente. Tanto mejor. Parece que tengas toda la playa para ti solo.
Estuvimos poco rato ya que queríamos ir a ver las cascadas y llegar a la otra playa. Cogimos la carretera de vuelta, esta vez atentos a los cruces, y llegamos donde estaba el que pasamos de largo. Como está casi todo de obras, al pasar por donde estaban haciendo una glorieta, pasamos por alto la carretera que salía desde un lateral. Nos metimos por allí y empezamos de nuevo con los caminos de piedras, baches, surcos en la tierra y casi ningún vehículo… Parecía que éramos los únicos locos que se atrevían a ir por esos sitios dejados de la mano de Dios.
Nos paramos un par de veces en un par de sitios señalados por carteles como puntos de interés. Al lado de dichos carteles suele haber un sendero que baja por entre la maleza y que va a dar al tramo del río donde hay una cascada digna de mención. En alguna había gente bañándose. Y la verdad es que con el calor que hacía, apetecía y mucho. Nosotros nos conformamos con meter los pies y refrescarnos un poco.
Continuamos hasta llegar a un cruce en el que hacia la derecha se llegaba a la playa y hacia la izquierda daba a un mirador. Como el camino de la izquierda no parecía estar muy transitable (al menos para nuestro pepino) dejamos la moto en un lado del camino y subimos andando. Hay que decir que estaba más lejos de lo decían los carteles… O eso o el calor nos estaba machacando vivos… Vaya goterones de sudor nos caían! Menos mal que siempre llevábamos una botella de agua encima, que si no…
Bueno, el caso es que logramos llegar enteros, y nos encontramos con un conjunto de bungalows bien ordenaditos en el valle que se formaba una vez llegabas arriba. Si lo que quieres es tranquilidad, este es tu sitio. Vimos un poco el panorama y nos dirigimos a la casa principal, que también era restaurante y recepción, a preguntar. Personas no se veía ninguna, pero en su defecto nos salieron dos perro a “saludarnos”. Entonces fue cuando salió una chica y le pregunté por el mirador. Nos dijo que había que se iba atravesando la terraza que pertenecía a la casa y nos invitó a entrar. El mirador en sí consistía en una roca enorme a la que se llegaba subiendo por dos escaleras de mano hechas con bambú. Todo bastante rústico, pero tenía su gracia. Las vistas que se ofrecían eran espectaculares. Tan espectaculares como las ganas de playa que teníamos.
Volvimos sobre nuestros pasos y llegamos al cruce con la incertidumbre de si la moto seguiría allí o no (cualquiera se fía…).  Seguía… Así que nos subimos y después de avanzar un poco llegamos a nuestro esperado destino.
Había un parking, y bongalows a derecha e izquierda. En el medio estaba el restaurante y la recepción, todo junto. Pensamos en comer allí mismo, en la terraza, mirando al mar. Nos hacía falta algo de relax después de toda la mañana y parte de la tarde encima de la moto y de aquí para allá. De postre nos pedimos unos batidos y nos fuimos a los asientos exteriores, pero antes le pregunté al camarero los precios de los alojamientos en esa pequeña cala. No sé cuanto valdrán los más caros, pero los precios empiezan en 500 Baht por los bungalows más bajos (bajos porque los otros están a nivel superior físicamente, hasta llegar arriba del monte), lo que viene a ser unos 12€. Me quedo con la copla para futuras visitas. La playita no estaba muy frecuentada, supongo que por su difícil acceso, así que es perfecta para relajarse un par de días.
Después de un par de baños decidimos volver al hotel. Nos queda un camino de vuelta bastante accidentado y no queremos que se nos haga demasiado tarde.
Por fin, después de unos cuantos socavones y botes en el asiento, llegamos al hotel. Nos vamos directos a la pedazo de piscina y nos quedamos en remojo hasta que empieza a oscurecer un poco. Entonces ya nos vamos a duchar para irnos a cenar por la zona más céntrica, si es que se puede llamar así.
A todo esto, pensamos que es mejor devolver la moto esa misma tarde y así quitarnos de problemas. Al dársela se pusieron tres o cuatro a buscarle arañazos como locos, pero no encontraron nada y nos pudimos ir con nuestros pasaportes tranquilamente.
Volviendo al tema de la cena, nos decidimos por el restaurante que hay justo enfrente del de la noche anterior. Un local bastante rústico, pero que tenía hasta wi-fi. Vamos, como aquí en España… Que como no sea un Starbucks…
Durante el día y ya sobre todo durante la cena, a Anna se le fue formando una idea en la cabeza y al final se decidió a llevarla a cabo. Ya que ayer, sin comerlo ni beberlo, me dio un pronto y me hice el tattoo; ella se quedó un poco con el gusanillo y se decidió a hacerse uno ella también. No tan aparatoso como el mío y bastante menos a la vista.
Fuimos dando un paseo al local del tatuador y antes de llegar ya nos salió a saludar la chica del día anterior, la dueña del bar de al lado. Llamó al artista y éste vino al momento. Anna barajó las opciones y finalmente, después de tener claro que sólo quería la inicial de su nombre en thai y de escoger el estilo de letra, se puso en manos del tatuador. No tardó nada. Una vez terminado intercambiamos direcciones con la chica de al lado y hay pendiente enviar por lo menos una postal. Y claro está, que en caso de volver, hay que pasar a verlos.
Bajamos la calle hasta la playa y nos tomamos un par de cervezas viendo unos espectáculos de fuego que hacían allí mismo. Nuestra idea era haber ido a la Black Moon Party, pero la verdad es que yo no las tenía todas conmigo. Para ser una zona de fiesta no había demasiada gente y no quería arriesgarme en ir al sitio donde se hacía la fiesta para encontrarnos allí prácticamente solos. Esto no tendría que haber sido ningún problema si la fiesta se hubiera celebrado donde se supone que tenía que ser: en la playa de al lado de nuestro hotel, pero no.
Me explico. Nosotros estamos alojados en una pequeña península situada al sudeste de la isla.  En esta península hay una playa a cada lado:  Haad Rin Nok, que es donde se hace la famosa Full Moon Party, y Haad Rin Nai.  Nuestro hotel está justo en medio.  La isla es conocida sobre todo por la fiesta de la luna llena, pero también se hacen fiestas en las otras fases lunares: cuarto creciente, cuarto menguante y la que pillamos nosotros, la de la luna nueva (Dark Moon Party). Se supone que esta fiesta se hacía en la Haad Rin Nai. Bueno, yo tenía entendido eso, pero estaba equivocado; y como yo, la que nos organizó los hoteles.  La tipa nos iba a coger el hotel cerca de la fiesta y al final ésta estaba en una playa situada a 5 kilómetros nada menos, en Baan Tai Beach.
Así que pasamos. Nos quedamos allí un rato más, más que nada por no irnos a la cama tan pronto, pero finalmente nos vamos. No hay más que rascar allí y tampoco se trata de perder el tiempo. Además, mucha fiesta tampoco iba a haber porque la policía suele desalojar la playa a las 2 de la mañana…

Día de Viaje y Toma de Contacto

1 de mayo. El día en sí iba a ser un palizón. Por la mañana ya no hicimos nada. El ferry salía sobre las 11:30, así que tampoco daba para mucho. Nos acompañaron al muelle y, después de cambiar nuestro boucher por los tickets, subimos a bordo.
Hora y media nos separaba de Krabi. Una vez allí, había que buscar el bus que nos llevara al muelle desde donde salía el ferry hacia Koh Samui y Koh Phangan, el cual todavía no sé como se llama...
En el muelle de Krabi nos subimos en un minibús que nos llevó a una estación de autobuses, si se le puede llamar así, porque casi parecía una nave abandonada... En un momento entre estos dos sitios descuidé el cuadro que llevaba atesorando como si fuera el anillo y yo Frodo, y lo perdí... Espero que al que lo encontrase le quede de puta madre...
Buenos, pues nos metimos en el bus (otra tartana) y nos dispusimos a estar otro par de horas, por lo menos, sentados.  Como salimos tarde, llegamos un pelín tarde. Fue llegar y meternos corriendo en el nuevo ferry, que al parecer nos estaba esperando. Y otra hora y media de trayecto... Al menos llegando nos pilló el atardecer, con las islas del Parque Nacional Marino de Ang Thong de fondo. Un cielo impresionante.
En el muelle nos esperaban un par de trabajadoras de nuestro hotel, el Drop In, que se encargaron de llevarnos al mismo. El camino, hacia el final, consistía en una sucesión de subidas y bajadas igual de pronunciadas; lo que sumado a la forma de conducir de toda esta gente, nos hacía ir un pelín intranquilos en la parte trasera del todo-terreno.
Al fin llegamos al hotel e hicimos la entrada. Eso sí, después de ir a sacar money a un cajero. Nos acompañó un botones a la habitación, perdiéndonos por el camin un poco y descubrimos que posiblemente nos habían dado la peor habitación que tenían. Y eso que tenían todo el hotel para escoger... Que estaba vacío!! Bueno, no del todo... Aparte de una clienta más, teníamos unas cuantas compañeras de habitación: arañas. A alguna estuve a punto de ponerle nombre de lo crecidita que estaba. El descubrimiento lo hizo Anna y yo me reía de ella por no querer estar en el cuarto de baño con el bicho. Reí hasta que la vi. Pero bueno, hice un poco de búsqueda, acoso y expulsión y me libré de todas (creo), aunque la más grande se me resistió hasta el día siguiente.
Al acabar de todo nos fuimos a cenar a algún sitio fuera del hotel. Mientras paseábamos nos dimos cuenta de que no había el movimiento que esperábamos por la zona. A ver, se supone que es una zona de fiesta y, fiesta, lo que se dice fiesta no parecía haber mucha.
Elegimos un restaurante para cenar, con wi-fi, para ponerme al día, y con una televisión dando Los Simpson continuamente. Y cuando digo continuamente quiero decir que el día siguiente todavía estaba dando vueltas al dvd.
Después de cenar nos pusimos a dar vueltas. Pasamos por un sitio donde iba a comenzar un combate de muay thai y había un RR.PP. informando a la gente que pasaba (o sea, nosotros y poco más), pero nos decantamos por seguir nuestro camino y ver si había más vida de lo que en un principio parecía. Y sí, algo más de vida había, pero tampoco para tirar cohetes. No daba precisamente para un fiestón, sinó más bien para tomarte un par de copas por la arena de la playa viendo a los demás guiris (aunque aquí nosotros también nos considerásemos guiris) pillarla un poco.
Bajando por una de las calles que lleva a la playa nos fijamos en un local de tattoos; en los dibujos que había expuestos, más tradicionales de tailandia que los otros que habíamos visto hasta el momento. La cosa quedó ahí y nos fuimos, pero luego quise volver y mirar los dibujos.  No porque tuviera en mente hacerme nada, sino por el simple hecho de verlos. Pero al entrar al local, que estaba vacío, vino la mujer del bar de al lado, amiga del tatuador, a interesarse y llamó al susodicho. Ya que estaba allí me puse a preguntar precios y me fui animando. Mi cabeza se puso a maquinar a ver donde podía hacerme otro tattoo y al final, no sé como, me vi recostado en la butaca con el brazo extendido y con el chico dibujando en él el modelo elegido. Luego vino la preparación del bambú y la oración antes de ponerse al tajo por ser un motivo religioso. Anna no se lo esperaba y se puso blanca (más) cuando dije que me iba a tatuar en ese instante. Estaba mucho más nerviosa que yo.
Los locales dedicados a los tattoos suelen tener una entrada bastante grande, por llamarlo de alguna manera, porque en realidad no hay ni puerta; esto implica que los que pasan por la calle te ven simplemente girando la cabeza hacia el interior. Hasta tuve expectadores dentro de la tienda durante un rato.
Mientras me iba pinchando íbamos hablando entre todos, con la mujer del bar, que era la que dominaba el inglés y el tatuador, lo que se podía, y teníamos un muy buen rollo. Anna quería hacerse una rasta e iba como loca preguntando. Aquí conocían a una chica que las hacía y se ofrecieron a acompañarnos cuando acabara con lo mío. Después de una cervecita yo, un wiskazo él y unos toques finales al dibujo, dimos por finalizado el trabajo. Y tengo que decir que muy satisfactoriamente.
Ahora le tocaba a Anna y su rasta, y como teníamos que ir a otro lugar un poco apartado, fuimos en moto. Pero al estilo Thai, los 3 en una scooter. Casi nos la pegamos en la primera curva, pero aún así, fue muy graciosa toda la situación en sí. Total, para luego no interesarle lo que le vendía la peluquera.
Para volver reusamos subirnos de nuevo en la moto y fuimos andando. Dio la casualidad de que nuestro hotel estaba al final de la calle paralela, así que aprovechamos y fuimos a la habitación a cambiarnos para ir a tomar algo.
Como ya he dicho, el ambiente no era nada del otro mundo y tampoco había mucho donde elegir. Bajamos de nuevo a la playa y fuimos a la fiesta que había montada en la arena delante del Drop In Club, donde hacían pruebas para los que quisieses participar. Allí estuvimos un rato entretenidos con una cerveza en la mano. Un tema curioso es el sistema que usan para los cubatas: un pequeño cubo de playa con una botella de licor y del refresco al gusto. Depende de la calidad del licor el precio varía, claro.
Fuimos un rato a ver el espectáculo de fuego que había montado en otro bar y después volvimos al otro, pero no por mucho tiempo.
Al irnos, pensando que al tener el bar el mismo nombre que nuestro hotel, supuse que estaría cerca, así que cogimos un camino que no era (que nos perdimos, vaya) por hacerme caso a mi. Aparecimos un poco alejados, pero nos situamos y volvimos sin problemas al hotel, pasando por las calles casi vacías del pueblo. Menos mal que tampoco nos animamos demasiado, porque al día siguiente nos enteramos de que la policía echó a la gente de la playa a eso de las 2 de la mañana…
Y nada, a dormir que nos fuimos, no sin antes pasar revista a los demás inquilinos, y deseando y esperando no comer ninguna de esas arañas que se dicen que tragamos a lo largo de la vida mientras dormimos…

viernes, 20 de mayo de 2011

Day Trip and Snorkeling

30 de abril. El día de ayer contratamos la excursión de un día que nos llevaría de ruta por las dos islas Phi Phi y a Bamboo Island, otra islita que queda al norte de Koh Phi Phi Don. Vamos en un barco grande, por lo que después de pasarnos a buscar por el meeting point, hacemos ruta por diferentes oficinas de turismo recogiendo a más gente. Llegamos a la oficina principal, supongo, y nos sientan, nos dan las gafas y el tubo de snorkel y los pies de rana, elegimos la comida y nos llevan al muelle. Después de esperar otro poco nos llevan al barco y salimos. Vamos primero a Koh Phi Phi Leh. Pasamos delante de la Viking Cave, la cueva vikinga donde se recogen los nidos de vencejo, con los andamiajes que se usan para ello allí colocados. Pasamos por delante de otra playa y vamos directamente a ver Ao Maya, o Maya Bay, donde la peli. Nuestro barco es demasiado grande para entrar, así que no deja por la parte de atrás. Tenemos que saltar del barco y nadar hacia unas escaleras allí montadas y caminar un poco para llegar. Yo me tiro con las gafas y el tubo sólo para ver un poco el fondo. Todavía no controlaba muy bien el snorkel y preferí nadar directamente hacia las escaleras e ir a ver la playa. Anna tuvo la mala suerte de bajar del barco justo cuando otra chica lo hacía. La chica en cuestión debía tener fobia al agua o algo parecido, porque la llevaba Anna de un brazo mientras lloraba desconsolada... Una vez de regreso al barco debió darle vergüenza, porque ni siquiera la miraba. Esperé a Anna en las escaleras que hacían de apeadero marítimo y fuimos a ver la playa. Impresionante. Bueno, lo sería del todo si no fuera porque había más gente allí que en el desembarco de Normandía... Un montón de taxi boats y lanchas estropeaban la foto. La próxima vez contrato otra excursión en la que puedes acampar cerca de la playa. Dimos por terminada la visita a Maya Beach y nos fuimos sin despedirnos (espero que los centenares que había allí no se lo tomaran demasiado mal...) Así que después de golpearme la rodilla contra una roca, volver al barco y rodear la isla, nos dirigimos a puerto para ir a buscar la comida. Una vez los monitores la tuvieron en sus manos pusimos rumbo al este para rodear Koh Phi Phi Don siguiendo esa ruta y vimos la gran cantidad de resorts que hay por las diferentes playas paradisiacas. Entonces nos paramos cerca de una de ellas para hacer snorkel. Esta fue realmente mi primera vez haciendo snorkel propiamente dicho. Me tiré con la cámara enfundada herméticamente en una carcasa especial e intenté hacer fotos de los peces y del fondo marino mientras controlaba mi respiración y procuraba no tragar mucha agua. Cuando me cansé de arrastrar el lastre de la cámara volví al barco. Ya no pensaba tirarme pero me vi obligado por la curiosidad. Los monitores llamaban a los otros señalando una parte y tuve que ir a investigar... Lo que querían que viéramos eran pequeños peces payaso (Nemos) que estaban resguardados entre los corales y a los cuales podías acercarte cuanto quisieras sin espantarlos. Yo prácticamente los acaricié. Espectaculares los colores tan vivos que tienen... Después de la experiencia regresé definitivamente a cubierta. Lástima que no llevé la cámara conmigo para retratarlos. Que hi farem... Ah, creo que esta playa se llamaba Ao Lo Bakao. Volvemos a navegar y Ahora nos dirigimos a Bamboo Island (Koh Mai Pai en thai). La playa con la arena más blanca que he visto nunca. Me habría llevado un saco para casa... Entre la arena hay bastantes restos de corales y conchas, su materia prima. Allí tenemos una hora para nadar o tumbarnos a la bartola. Nosotros nos tiramos a la sombra, que se echa de menos, y mucho. El rato se nos pasa volando y ya nos están llamando con la sirena para que volvamos a bordo. Así pues, nos ponemos en remojo otra vez para ir nadando al barco. Yo pensaba que después de aquí ya volvíamos a Phi Phi, pero hicimos otra parada para hacer snorkel en otra isla del archipiélago, Koh Yung, también deshabitado. Me tiro al mar y a través de mis gafas veo el fondo marino. Aquí en particular impresiona un poco. Ves como poco después de la playa comienza un manto de corales, con sus numerosos erizos de mar y peces varios; y de golpe esto se acaba y hay una especie de abismo y el fondo está mucho más abajo. Miraré a ver si tengo alguna foto. De lo que tampoco tengo fotos aquí es de los peces payaso... Otra vez salí, dejé la cámara y volví a entrar al agua, y entonces me enseñaron más Nemos. Igual de poco temerosos de los humanos. Y nos fuimos de allí y todavía nos quedaba una parada, la Monkey Beach, donde suele haber monos; de ahí su nombre. Suele, porque nosotros no tuvimos tanta suerte... La playa estaba desierta. Nos sentamos un rato en la arena y volvimos nadando al barco una vez nos llamaron. Esta vez sí que fuimos directos al puerto. En definitiva, una buena excursión donde ves unos paisajes espectaculares y además nadas entre pececillos curiosos. Antes de ir al hotel pasamos por el sitio donde cenamos el día anterior a hacer lo propio. Que las pechugas de pollo estaban tremendas! Subimos a ducharnos y cambiarnos, pero la dejé a ella y subí al mirador a hacer alguna foto del atardecer. Eso sí, me quedé en el primero, que estaba un poco hecho polvo... Después de untarnos de after sun bajamos a las calles a ver lo que nos ofrecían. Resultó ser bien poca cosa, aparte de un puñado de ingleses repartiendo flyers fotocopiados y una cerveza... Decidimos volver a la habitación y descansar. El día siguiente nos íbamos a Koh Phangan...

martes, 17 de mayo de 2011

Koh Phi Phi

29 de abril. Para despedirnos de Patong Beach decidimos dar un paseo por la orilla después de un desayuno demasiado fuerte... Luego cogemos las maletas, hacemos el check-out y nos vienen a buscar para ir a coger el ferry que nos llevará al próximo destino: Koh Phi Phi. Realmente son dos islas que forman el Parque Nacional Marino de Koh Phi Phi: Koh Phi Phi Don, que es la principal, donde está alojada toda la gente, y Koh Phi Phi Leh, deshabitada, en cuya playa, Maya Bay, se rodó la película "La Playa"; aunque Alex Garland al escribir el libro en el que se basa, se inspiró en otro archipiélago tailandés: el Parque Nacional Marino de Ang Thong, en la región del golfo, y que no hemos podido visitar. Después de 1 hora y media de ferry, durante el cual el sol pasó a través de las nubes para darnos sin piedad alguna, llegamos a la isla. Nos espera un trabajador del hotel, a nosotros y a unos cuantos más, y nos lleva las maletas hasta allí. Estamos bastante apartados del bullicio, que se agradece, pero estamos en la ladera de la montaña, rodeados de vegetación y de ruidos de bichos todo el día. Al lado de nuestro bungalow pasa la escalera que lleva hasta un mirador desde donde se puede apreciar la formación de la isla: dos islas unidas por un istmo, donde están la gran mayoría de alojamientos. La vista es espectacular. En el mirador hay una foto de como quedó todo después del tsunami... Arrasado por completo... Después de dejar las maletas bajamos al pueblo a callejear un poco para ver el ambiente, a buscar una excursión para el día siguiente y un after sun para hidratarnos un poco la maltrecha piel... Coincidió que esa tarde estaban televisando la boda del principe Guillermo de Inglaterra. Creo, que no estoy muy puesto en la monarquía... Estaban las calles vacía y los bares llenos de ingleses viendo la boda. Parece que ya sabemos de donde viene la mayor parte del turismo a esta isla. De hecho, los flyers aquí los dan gente no thai en su mayor parte. Después de la primera ronda nos fuimos a dar una ducha, pero antes subimos al mirador del que he hablado antes. La segunda ronda consistió en cenar en una especie de restaurante donde tú escoges de una mesa lo que quieres que te preparen, carne o pescado, y te lo hacen allí mismo. Todo riquísimo, sobre todo una pechuga de pollo rebozada... Mmmmm También descargué mi SD en un pendrive para hacer sitio, ya que tenía las otras tarjetas a tope. A parte de los bares, tiendas de todo tipo, restaurantes y puestos de comida callejeros, una cosa que abundaba eran los locales de tatuadores con bambú. Un método más tradicional y menos agresivo que con la máquina y que, según leímos y luego nos explicaron, no te impide ni tomar el sol ni bañarte en la playa o en la piscina. Ah, tampoco es necesario un cicatrizante ni nada parecido. Después de un par de vueltas y de cogernos un pancake tailandés, nos fuimos al hotel. Por cierto, se llama Phi Phi Arboreal, y si le hicieran el mantenimiento adecuado, estaría muy bien. Aunque la tónica de la falta de mantenimiento es algo que se ve en muchos hoteles. El estar en la colina, rodeados de verde, trae cosas como una mantis religiosa no precisamente pequeña subiendo por el cristal de la puerta de la terraza o una de mosquitos que no veas. Para entrar a la habitación contábamos hasta tres para dejar la puerta abierta lo menos posible; cosa que hemos mantenido para todos los demás hoteles... Y hasta aquí la primera tarde en Phi Phi... El día siguiente se preveía duro. Good night!

Phuket

28 de abril. El día se explica rápido. Al menos las 3 cuartas partes del día. Nos levantamos, desayunamos, nos llevan al aeropuerto, esperamos el avión, lo cogemos, despegamos, volamos, aterrizamos, nos viene a recoger una furgoneta y nos lleva al hotel. En este punto son casi las 5PM y el día casi está listo. Para el hotel sólo tengo una pega. Bueno, dos. La primera es que al subir vemos que la habitación tiene una ventana. Si hubiera dicho aquello de "tengo una noticia buena y otra mala", esta sería la buena, y la mala sería que la ventana daba a un agujero donde dan las máquinas del aire acondicionado. Sería como un patio de luces pero sin luces y con bastante poco de patio. La otra pega es un par de roedores bastante grandes (ratas como gatos) que correteaban por los alrededores de la piscina. Que la verdad es que tenían más miedo ellos que otra cosa, pero desluce bastante el lugar... Dejando esto de lado, dejamos las cosas y nos fuimos a la playa, que quedaba cerca. Patong Beach en sí es una playa muy guapa. Arenas blancas, aguas azules... La pega son los montones de gente que te ofrecen jetsky o lo del paracaídas, cada cuatro pasos. Y luego en la parte del paseo, los taxis, los masajes y los sastres (a estos especialmente les tengo mucha manía) que no dejan de atosigar. Nosotros íbamos a nuestro rollo. Nos compramos algo de comer primero, luego una cervecita y nos fuimos a ver la puesta de sol a la arena. Después nos fuimos a andar por las tiendas, esquivando a los pesados y fuimos al hotel a bañarnos en la piscina y quitarnos la calor de encima. En ese momento fue cuando vimos a la fauna autóctona merodear por allí. Phuket sólo nos sirvió de puente entre Chiang Mai y Phi Phi. No queríamos pasar más de lo necesario allí. Y la próxima vez si puedo no malgastaré ni una noche. Está pensada para explotar a los turistas. Creo que deben vender paquetes vacacionales bastante baratos, porque el nivel de la gente que había allí tampoco era para tirar cohetes. Pero bueno, para gustos los colores. Habrá gente a la que aquello les parecerá el paraíso. Ojo, que la playa es guapísima, eh, pero el ambiente no es para mi...

Trekking o Malditos Elefantes...

27 de abril. Día de trekking. Hoy es día de campo, de andar un poco y de alguna visita que otra. Nuestro itinerario, en principio, comenzaba por el paseo por la jungla a lomos de un elefante. El caso es que estaban ocupados los pobres bichos, así que el programa se modifica y lo dejamos para lo penúltimo. Así pues, lo primero que vemos es el poblado de una gente, creo que lannas también, aunque no estoy seguro. Lo único que hacen es intentar vendernos su artesanía, que viendo donde y como viven, dudo mucho que lo fabriquen ellos; por mucho que monten el papelón de tejedoras delante de los turistas. En esta aldea comenzamos una caminata, aunque se le podría llamar paseo, porque no conlleva ninguna dificultad. Con nosotros viene una familia francesa con dos niños, un señor inglés jubilado y un chico japonés que, al principio lo aparenta y al final lo demuestra, ser un pelín friki... Al final de la primera caminata se encuentra una cascada bastante guapa, debajo de la cual intento meterme pero la corriente es muy fuerte y me empuja hacia abajo. Lo único que consigo es aguantarme 1 o 2 metros por delante para la pose fotográfica. Ah, el agua estaba buenísima para ser un río. Seguimos andando después del chapuzón, esta vez a la vera de un canal pequeño. Vemos una araña enorme justo al lado del camino, pasamos por, según nos dice el guía, una localización de la última peli de Rambo, y llegamos a otra aldea, más penosa todavía que la anterior. Allí nos espera el minivan y nos lleva a comer. Un sitio cutrísimo que no se parece en nada a ningún sitio donde yo halla podido comer antes, ni por asomo... Aunque tengo que decir que la comida al final estuvo bien, al menos para mí. Pero eso no quiere decir nada, ¿verdad? Y ahora sí, nos tocaban los elefantes... Que mira, porque tenía la curiosidad y lo teníamos que hacer, pero vaya tela. Los hierros del asiento clavándose en las piernas; siempre a punto de caernos (o nos lo parecía) y, para colmo, con llovizna. Pero mira, esto último tenía su gracia... Mientras paseábamos le íbamos dando de comer plátanos que habíamos comprado previamente, que también es curioso. Lo último que nos faltaba era hacer Bamboo Rafting. Bajar por un río en una barca hecha con troncos de bambú. Lo mejor del día diría yo. Y eso que me tocó hacer de timonel, con un remo detrás. Así que me tiré el viaje de pié, salpicando a Anna, que estaba delante cagándose en mí, ahora sí ahora también... Pero era divertido. Antes de llegar nos bajamos todos en un punto para subirnos después. Es aquí donde el chaval de antes nos sacó de dudas de lo raro que era... Tenía que pasar de un entarimado a la barca y metió los tejanos hasta la rodilla en el agua. Eso le puede pasar a cualquiera, pero es que luego iba a saltar de la tarima a la barca. A ver, si te costado pasar dando un paso, ¿cómo se te ocurre intentar dar un salto a una barca de bambú resbaladizo? Qué personaje. Total, que nos reímos lo nuestro. Además que me puse de gondolero y me puse a cantar el "O sole mio" para romper el hielo más que nada... Y de aquí nos llevaron para casa. Bueno, para el hotel. Pero nosotros dijimos que nos parasen en la óptica a recoger las gafas. Hay que ver que tranquilas y con qué cuidado tratan las gafas. Son muy profesionales. Nos fuimos a dar una ducha y luego a dar una vuelta. Después de dar unas cuantas vueltas miramos en el mapa y vimos un sitio donde ponen un mercado nocturno. Y para allá que nos fuimos. Inmenso. No nos lo acabamos. Hicimos las últimas compras de Chiang Mai y volvimos al hotel, a dejar las maletas hechas para el día siguiente.

jueves, 28 de abril de 2011

de Excursión

25 de abril. Hoy tenemos la excursión de un día a Chiang Rai, White Temple, Triángulo de Oro, frontera con Myanmar y las mujeres jirafa. Nos esperan unos 540 kilómetros, según nuestro guía, Kun; un tipo bastante sencillo que nos sacaría de un apuro más adelante... La primera parada fue la del café. Fue en un sitio llamado Hot Springs, donde hay un chorro principal de agua caliente que sale del suelo y unos cuantos menores, donde cuecen huevos que luego venden a los turistas. Cuando volvemos a subir a la furgoneta nos dicen que lo próximo está a casi 2 horas, así que la gente se relaja y alguno hasta duerme. En mi caso adelanto faena con el blog... El White Temple sí que me sorprendió. Por fuera es blanco totalmente, unos cuantos edificios en línea, con un puente al principio, que continúa de una pasarela que atraviesa el infierno, que son un montón de manos saliendo del suelo. Se supone que si avanzas por el pasillo pasas el infierno y llegas al paraíso o algo así. Una vez dentro de la sala de oración ves lo más impactante. Aparte de ver el Buda de rigor, ves las pinturas de las paredes (aún por terminar los laterales) y ves que están pintados rollo cómic y manga, con Batman, Superman y hasta Doraemon por allí... Bueno, la verdad es que ya me había sorprendido al ver las esculturas que rodean los jardines y estanques y sobre todo, la de Predator saliendo del suelo... Muy original. Recomendable. Luego de otro rato de furgo llegamos al Triángulo de Oro; donde el río Mekong riega tres países: Myanmar, Laos y Tailandia. Y el nombre le viene porque en esta zona se plantaba y se comercializaba con el opio. Ahora se comercializa explotando el filón de tan negro pasado con los turistas... La verdad es que para nosotros, aparte de una curiosidad, tampoco nos impactó demasiado la visita. Durante la misma paseamos en barca por el río y vimos los hoteles-casino que hay en las orillas del río. Construidos por los chinos en suelo arrendado a Laos. En algo tienen que invertir toda la pasta que tienen... También entramos en una aldea de Laos sin necesidad de visado ni nada. Pagando 20 Baht por cabeza, todo arreglado. Donxao se llamaba la aldea, y no tenía mucho que ofrecer, aparte de un montón de tenderetes donde te venden de todo; hasta licores con bichos dentro. Mira, con esto sí que flipé, porque había con una serpiente, con un armadillo, lagartos,... Yo probé el que tenía escorpiones dentro. Era una basura... Deambulamos por el sitio aquel mientras niños descalzos nos pedían dinero, una de ellas llevando en brazos un crío de menos de un año. La necesidad que deben pasar estas familias para tener que poner a sus hijos a pedir de esta manera... Bueno, después del Triángulo nos fuimos a comer a un buffet y luego a la frontera con Myanmar. Al pueblo llamado Mae Sai. El resto de componentes del grupo sólo a hacer una foto en el punto más al norte de Tailandia; Anna y yo a sellar el pasaporte para alargar el visado unos días más, ya que con lo que nos pusieron al entrar por tierra desde Camboya (15 días) no nos llegaba para acabar el viaje. Si entras por aire el visado thai es de 30 días pero por tierra sólo son 15. Pues eso, nosotros nos fuimos con el guía a hacer los trámites. En la parte Thai ningún problema; sellamos la salida normalmente y fuimos a hacernos el visado en la oficina de Myanmar. Entonces fue donde la corrupción en estos países sale a relucir. El precio para el visado son $10 ó 500 Baht. Dado que con el cambio de moneda salen perdiendo si les pagas en dólares, al p. guardia ni pestañeo al decirme que el billete de $20 que le daba estaba marcado porque tenía una mancha de tinta en un lado y me lo devolvió... A cuadros te quedas... Ahí es donde entra nuestro guía, porque nosotros nos dejamos la mayoría de fondos en la habitación. Si no hubiera estado el no sé que hubiéramos hecho, pero menos mal que no lo tuvimos que averiguar... Nos dejó los 1000 Baht que nos hacían falta sin pensárselo. Un crack. Solventado el problema en inmigración volvimos a Tailandia y sellamos la entrada. El visado ahora nos expira el día después de volver a casa. La última parte del viaje era la visita a la aldea de las mujeres jirafa. Una especie de calle con una plazoleta al final donde exponen la mercancía que supuestamente fabrican allí junto a ellas mismas, ya que toda la gente va a hacerse la foto con ellas. Si compras o no ya es otra cosa. En nuestro caso hicimos las dos cosas. Y aquí concluyó la excursión, al menos las visitas, porque todavía nos quedaban por lo menos 4 horas de carretera. Y con la batería del iPod temblando... Una vez en el hotel y saldadas las cuentas con Kun, nos fuimos a rondar por las calles para buscar algún sitio para cenar y relajarnos después de un día tan largo...

Chiang Mai

24 de abril. Madrugón. Bajamos y, para nuestra sorpresa, hay más gente levantada. Desayunamos y nos vamos al metro, que conecta con el expreso que nos lleva directamente al aeropuerto. Todo se desarrolla sin complicaciones y llegamos a Chiang Mai a la hora prevista. Tan puntuales que nuestro pick-up llegó tarde. Llegamos al hotel y hacemos el check-in y para hacer tiempo la recepcionista nos ofrece un chófer que nos lleve a ver un par de templos importantes. Uno está en la montaña y otro más normalito, pero fuera del área del canal que rodea parte vieja de la ciudad. Al primero, en la montaña, está al oeste y para llegar hay que pasar delante de la Universidad y el Zoo. Está en el Parque Nacional del Doi Suthep-Pui, en la cima del Doi Suthep, y es el Wat Phra That Doi Suthep. Lo que es el templo en sí no es que sea gran cosa después de lo que llevamos visto, pero vale la pena subir por las escaleras que llevan a él y sacar unas instantáneas de la ciudad de Chiang Mai desde 1.676 metros de altura. Un inciso: el Parque Nacional engloba los dos picos sagrados de la ciudad, el Doi Suthep y el Doi Pui (de 1.685 metros). Aquí en la parte norte del país se encuentran también los Lannas (que significa "millones de campos de arroz"), una cultura bastante antigua proveniente de China y que se asentó en esta zona. La verdad es que nota, tanto en la fisionomía como en la ropa. Además de que comercian bastante con la vestimenta típica. También tienen su propia lengua, por lo que se pueden ver carteles con dos escrituras diferentes. El otro templo que visitamos fue el Wat Suan Dok. También al oeste de la ciudad vieja. Hay un chedi blanco enorme y unos cuantos pequeños que contienen reliquias. Dentro de la sala de oración hay unos Budas dorados bastante grandes. Al fondo del chedi se pueden ver las montañas de la ciudad, lo que le da un aspecto muy interesante. Este templo, al parecer, es conocido por sus charlas con los monjes. Yo sólo hice fotos... Al volver al hotel, visitamos un templo que tenemos justo pegado a la pared, el Wat Phan Tao. A los 15 minutos ya estábamos en la habitación descargando la mochila. Volvimos a bajar para comer algo mientras acababan de montas los puestos del Sunday Market, un mercadillo inmenso que cruza todo el centro antiguo. Y es que resulta que nuestro hotel, el Parasol Inn está en el mismo centro (pero centro centro) de la ciudad antigua, donde se cruzan las dos calles centrales del mercadillo. Cogimos un par de platos, uno de fideos y otro de arroz de un puesto y nos dimos una vuelta por los puestos. Luego, antes de seguir, subimos a ducharnos y bajé a hacerme un masaje en los pies. Ahora sí que estaba listo para patear... Había cientos de tenderetes y yo diría que miles de personas. Se creaban embudos por todas partes. Pero conseguimos hacer unas cuantas compras interesantes y nos fuimos a dormir contentos... y no muy tarde, que el día siguiente prometía ser una paliza pa'l body.

Tormentón

23 de abril. Nada más levantarnos y desayunar fuimos a cambiar dinero a la estación. Fuimos a la agencia a recoger el itinerario y volvimos andando hacia Chinatown. Decidimos ir a ver el Palacio Imperial, ya que el día anterior no fue posible, y para ello pensamos en coger el ferry que nos dejaba justo al lado. Hay que tener cuidado, en las entradas, o por lo menos en una de ellas, hay gente que te dice que no puedes entrar con tirantes o pantalón corto por encima de la rodilla, para que les compres a ellos pañuelos o lo que a ellos se les antoje. No hace falta. Cuando vas a entrar a ver al Buda ya dejan un pañuelo o dos. El recinto del Palacio es muy grande. Muchos templos por todas partes y un mural impresionante en las paredes que rodean al principal. Había más de un sitio en el que no se podía entrar, así que no tardamos mucho en acabar. Tanto mejor, porque hacía un sol impresionante y cuando tocaba ir de un sitio a otro y no había sombra era bastante jodido. Salimos y nos fuimos dirección al muelle para coger el transbordador que nos cambiase de orilla para ir a ver el Wat Arun. Hay otra estafa que hacen, y nos la intentaron hacer. cuando fuimos a pagar para cruzar nos vino una mujer a decirnos que estaba cerrado. ¿Para qué te dicen esto? Para que contrates una excursión con ellos y te soplen la pasta. Para variar, pasamos de su cara. Le pregunté a la taquillera y cruzamos. Cuando llegamos a la otra orilla nos dimos cuenta de que nos había dejado un poco alejado de donde íbamos nosotros, pero tampoco mucho. Había otro templo, pero uno de tantos. Salimos a la calle principal y caminamos hacia el sur tranquilamente. El paseo valió la pena. El Wat Arun consta de cinco torres (supongo que la típica formación del loto) y está totalmente recubierto de trozos de porcelana. Además puedes subir arriba por unas escaleras súper empinadas y hay unas vistas de Bangkok espectaculares. Esto nos dio la visión de unos nubarrones negros con aspecto bastante amenazador que se aproximaban por detrás del Palacio Imperial. Nos fuimos con la idea de cruzar el río de nuevo, ir a comer algo al mercadillo y coger el ferry de vuelta a casa. Lo que conseguimos fue cruzar y quedarnos a mitad de camino del mismo, ya que se empezó a levantar el aire y a escucharse truenos, de golpe se puso a llover a saco, con rachas de viento fuerte... Nosotros nos metimos en una cabina para protegernos, pero con el viento tampoco lo conseguimos totalmente. Cuando paró un poco y salimos resultó que había una terraza cubierta a 5 metros a la izquierda... Para morirse, vamos... Y yo que estuve un rato diciendo que fuésemos en esa dirección para resguardarnos debajo de los árboles. Cuando paró del todo de llover nos acercamos a una caseta de información turística que hay allí al lado a preguntar qué autobús nos podía dejar cerca de nuestro alojamiento. Nos dijo un par de números y cogimos uno de ellos, que nos dejó al ladito por 13 Baht. Cuando llegamos al hostel, pagamos, recogimos la colada que les habíamos encargado y nos fuimos a duchar. Luego cogimos el metro para volver a Patpong para hacer algunas compras. Otro lujo de estar hospedado al lado del metro...
Consejo para Patpong: hay que regatear a saco, porque este mercado tiene los precios más altos; pero regatea si vas a comprar... Aunque a veces hasta se regatean ellos mismos. A mi me dieron un precio inicial de 2100 Baht sin preguntar y cuando seguía andando sin hacerles caso me lo bajaron a 800... Con lo que ellos mismos se dejan en evidencia del precio abultado que tiene su mercancía. Lo dicho. a saco.
Después de gastar unos cuantos Baht y ver que empezaba a llover de nuevo, volvimos al metro. Llegamos a la guest house y nos pusimos a hacer las maletas. A la mañana siguiente cogeríamos el avión que nos llevaría a Chiang Mai.

Regreso a Bangkok

22 de abril. A las 7 de la mañana, después de un viaje en tuk-tuk, nos encontramos esperando el tren. Llega tarde (cómo no) pero llega. Y nos pegamos otras 2 horas de viaje durante, entre otras cosas, miro posibles hostales en los que alojarnos en la Lonely Planet.
Nada más llegar vamos a ver uno de los que he visto, por el barrio chino y, por lo tanto, cerca de la estación de tren y metro de Hua Lampong; cosa que nos facilitará el transporte hacia el aeropuerto. Nuestra primera opción está al completo y decidimos quedarnos en el de enfrente, que no tiene muy mala pinta al fin y al cabo.
Descargamos y nos vamos a hacer una ruta a pie por Chinatown que viene indicada en la Lonely. Sólo llegamos a hacer la primera parada, un templo con un Buda de oro bastante grande, aunque no el que más... Nada más salir y girar la primera esquina, nos encontramos con un hombre que trabaja para el T.A.T., la agencia estatal de turismo. Hablamos con él un rato y nos indica otras cosas que ver para ahorrarnos el paseo con el calor que hacía. Nos dice también que deberíamos mirar ya el alojamiento en Chiang Mai y que en la oficina oficial podrían darnos buenos precios. Nos subimos a un tuk-tuk, también oficial, que nos llevará a cuatro sitios por 4 duros.
Primero vamos a la agencia y explicándole nuestro itinerario nos ofrece un paquete bastante apetecible. Negociando un poco y pensando en la otra opción (la de seguir buscándonos la vida tanto con los hoteles como con los transportes de conexión) decidimos aceptar. Aunque seguro que hubiéramos encontrado cosas más baratas, lo de olvidarte de pensar en cómo vas a llegar al aeropuerto o a las islas, lo compensa. Y tenemos muchas conexiones por delante... Ah, los hoteles que nos han buscado superan cualquiera de los hasta ahora visitados, al menos en foto. Ya se verá.
Después de dejar a la chica de la agencia nos vamos a hacer las visitas que nos aconsejaron y llegamos a la primera: el Lucky Budda, un Buda tumbado dorado con incrustaciones de diamantes, rubíes y zafiros, entre otras piedras preciosas. Esto nos lo explica el vigilante del lugar, un tío súper simpático al que nos habríamos llevado con nosotros para amenizarnos la excursión. Nos contó lo que se hacía en el templo y como funcionaba. Al decirle que luego íbamos a la Thai Factory (donde venden piedras del país) nos explicó el significado del zafiro (poder, para el hombre) y el rubí (fuerza, para la mujer) y cosas por el estilo. Todo esto haciendo coña y sin parar de reír. Muy bueno. Después de la Thai Factory fuimos al templo en la cima del Monte Dorado (The Golden Mount), donde no hay gran cosa pero tiene unas vistas de Bangkok formidables.

Panorámica de Bangkok desde la cima del Golden Mount
Al bajar nos llevamos una sorpresa, y no precisamente buena. Nuestro conductor se había ido, según nos dijo la mujer del puesto de bebidas, a la central; y nos había dejado a otro para acabar. Y estas son las movidas que te tocan las narices, porque este otro nos llevó de ruta de tiendas de trajes para que le dieran gasolina. Lo que teníamos que hacer era entrar y estar un rato haciendo el papelón de que queríamos comprar un traje. Bueno, al final conseguimos llegar a la última parada, el Wat Pho. Le dimos lo pactado al tío del tuk-tuk y entramos. Es bastante guapo. Está al lado del Palacio Imperial y dentro del recinto hay bastantes templos que visitar. Hay una especie de estanque donde metí los pies para refrescarme. En estas estaba cuando mis pantorrillas llenas de picadas de mosquito llamaron la atención de una pareja de españoles que había allí sentados también. Nos pusimos a hablar u resulta que se iban al día siguiente a Siem Reap, al Babel. Vaya casualidad. Les explicamos un poco como funcionaba la cosa para que no se dejaran enredar y nos fuimos a terminar la visita y a ver si podíamos ir también a ver el Palacio. No pudo ser. Cierra a las 15.30 y ya eran las 4 y pico. Seguimos el mismo camino y nos encontramos un mercadillo. Como igualmente habíamos decidido coger el ferry, teníamos que atravesarlo. Comimos algo probando de un puesto y de otro y llegamos al muelle. Nos esperamos un rato y nos subimos para bajarnos en Chinatown. Al bajar del barco hay que atravesar unas callejuelas y luego un par de calles y llegas justo a la acera de enfrente de Hua Lampong. Va de muerte para ahorrarte un taxi o tuk-tuk. Nos fuimos a la habitación a asearnos un poco y bajamos a dar una vuelta por Chinatown, a ver el mercadillo que nos habían dicho que montaban. Resulta que se lía bastante en la calle, pero sobre todo con comida. Hay puestos para aburrir y más gente todavía. Muchísimos carteles iluminados con caracteres chinos (obvio) que hacen que casi parezca que estás en Las Vegas. Vale la pena una visita de noche. Compré una brocheta y nos dimos la vuelta, nos metimos en una callejuela y dimos a la paralela. Cuando volvíamos a la principal nos encontramos con la pareja de andaluces afincados en Inglaterra. Nos sentamos con ellos mientras acababan de cenar y decidimos ir a dar una vuelta juntos. Pensamos en el mercado nocturno pero no recordaba donde estaba. Hasta que se me iluminó la bombilla: Patpong, donde las lumis... Intentamos entendernos con los vecinos de mesa para ver como ir, pero no hubo manera. Lo único que eran capaces de decir era one y señalar hacia la calle. En definitiva, no nos quedó otra que coger un tuk-tuk, que gracias a Jonie nos salió casi regalado. Una vez allí lo único que ves son puestos de venta de cualquier cosa, tuk-tuks ofreciéndose y luces y más luces. Cruzamos la calle y empezamos a adentrarnos por los tenderetes. Entonces es cuando también nos empezaron a ofrecer ping-pong shows. Si hubiéramos ido solos ni hubiera pensado en entrar, pero como estábamos los cuatro, por curiosidad, nos dejamos enredar. Y sí, fue una puta enredada... Para empezar las mujeres no valían un duro y daban un poco de asco. Nada más sentarme ya quería irme. La verdad es que no nos acabamos ni la cerveza, pero cuando fuimos a pagar es cuando la madame, o lo que fuera aquella cosa, nos intentó colar una cuenta que no tenía nada que ver con lo que nos habían dicho. Hasta nos gritaba, la muy z..... Al final, para no liarla llegamos a un acuerdo. Pero nos quedamos con una cara de pringaos y una mala leche impresionantes... Moraleja: PASAD DE LOS PING-PONG SHOWS!!! Pues después de la experiencia no nos quedaron ganas más que para sentarnos a relajarnos la rabia en la calle. Estuvimos hablando un rato y nos fuimos a buscar un taxi que nos llevara a "casa". Una vez en nuestro barrio nos despedimos y nos deseamos unas buenas vacaciones. Y a dormirla...

lunes, 25 de abril de 2011

Ayutthaya

21 de abril. Pues sí, viendo las combinaciones de que disponíamos y de las que muy amablemente nos informaron en recepción, nos decantamos por Ayutthaya. Seguimos las indicaciones de la chica y cogimos un taxi hasta la estación central de tren de Hua Lampong, cerca de Chinatown. Fuimos a comprar los tickets y nos metimos en el tren, que saldría en breve. La estación es un mundo, gente de todas las nacionalidades por aquí y por allá, sentadas o tiradas por el suelo de la gran sala de espera haciendo tiempo para la salida de su tren; puestos de comida por todas partes, y, lo que más nos impactó: gente cortándose el pelo a los pies de la vía, en los mismos andenes, como si de una peluquería se tratara y como si fuera lo más normal del mundo...
Salimos y, después de no sé cuantas paradas y de un par de horas de trayecto, llegamos. Fuera de la estación había multitud de tuk-tuks y taxis dispuestos a llevarte a destino. Pasamos de ellos y nos dirigimos al transbordador que cruza de orilla a orilla el canal que rodea la ciudad. Ya el otro lado y antes de llegar a la calle principal nos abordó una chica para ofrecernos alojamiento. Como no tenemos muchas manías aceptamos y fuimos a verlo. Después de ver la habitación y teniendo en cuenta nuestras necesidades, nos quedamos allí. Total, a la mañana siguiente íbamos a volver a Bangkok... Dejamos las cosas en la habitación y bajamos a hacer el check-in y a informarnos para alquilar unas bicis. Acabamos comprando un viaje por el canal para ver tres templos a las 4 de la tarde. En esos momentos debían ser la 1, así que todavía teníamos tiempo para sudar un "poco" haciendo una ruta a pedales. Por 80 Baht (menos de 2€) las alquilamos y, guiándonos por un mapa que nos dio la recepcionista, comenzamos a pedalear. Conducir lo que sea en Tailandia es, cuanto menos, caótico y, cuanto más, acojonante...
Voy a hacer un pequeño resumen de los templos que vimos, porque más o menos tienen la misma estructura. Estos son:
1. Wat Ratburana.
2. Wat Phra Mahathat, el famoso por la cabeza del Buda esculpida entre las raíces de un árbol.

3. Parque Histórico d Ayutthaya, sólo rodearlo.
4. Wat Phra Ram.
5. Wihaan Mongkhon Bophit, un templo budista donde estaban un grupo de monjes rezando con niños monjes. Parecía una excursión del cole.
6. Wat Phra Si Sanphet, desde fuera.
7. Wat Chetharam, y
8. Wat Lokaya Sutha, con un Buda tumbado bastante grande.
Volvimos al hostal para dejar las bicis y esperamos a que no viniera a recoger una ranchera que nos llevara al muelle para coger la barca de quilla larga que nos haría la ruta por el canal. Con la barca visitamos:
1. Wat Phutthaisawan, templo budista bastante llamativo con un Buda gigantesco en su interior.
2. Wat Kasatrathirat, un conjunto de construcciones con un buda tumbado como atracción principal, y
3. Wat Chai Wattanaram, imponente prang central y con una bonita puesta de sol que fotografiar.
Un buen paseo para pasar la tarde, la verdad. Y para acabar, en el muelle donde nos dejó la barca, un mercadillo. Cenamos algo, bebimos algo antes, y gastamos unos Baht en alguna camiseta. Para variar, estábamos reventados, pero nos fuimos dando un paseo al hostel, que estaba relativamente cerca (dependiendo de lo perro que seas...) Por el camino decidimos que al día siguiente cogeríamos el tren de las 7.12 hacia Bangkok. Como no íbamos a tener mucho tiempo para desayunar, compramos algo de comer en un 7eleven y, como no fuimos capaces de encontrar un sitio que nos vendiera una esponja, acabamos por resignarnos y compramos un espontex con salva uñas... Algo es algo, no?
Hicimos algo de tiempo en la terracita del hostel y nos fuimos a duchar y a dormir. Al día siguiente a las 6 en pie... Ufff

Hot border

20 de abril. Llegó el día de Despedirse de Camboya. Mientras desayunábamos vino nuestro taxista, pero le hicimos esperar un rato largo, ya que nos fuimos en busca de un cajero que no nos tuviera manía. Después de sudar un poco lo conseguimos y volvimos. Hicimos el check-out y nos fuimos dirección a la frontera. Cuando llegamos casi 3 horas después hacía un calor insoportable y nos fuimos a pasar el control de pasaportes camboyano, bastante simple. Lo que no fue tan sencillo fue el de los thais... Casi 2 horas estuvimos haciendo cola. La mayor parte, bajo un sol abrasador que te hacía sentir como en una sauna al aire libre. Conseguimos sobrevivir. Una vez en el otro lado andamos para ver las posibilidades de transporte. Estaba la opción de volver con el mismo bus que nos trajo, pero no lo veía muy claro. Las dudas se nos despejaron cuando nos encontramos a Kirsten y nos dijo que ella iba en una minivan que le había salido por cuatro duros. Fuimos con ella, nos acoplaron en una furgoneta y en menos de un cuarto de hora ya estábamos de camino a Bangkok. 4 horas después llegamos a Khao San Rd, la calle de los mochileros de Bangkok y nos dispusimos a buscar el muelle desde donde salen los ferrys que hacen de buses fluviales por el río que atraviesa la ciudad. Estábamos buscando por un parque al lado del agua cuando nos encontramos a un grupo de mujeres haciendo aeróbic delante de un monitor y bailando al ritmo del aserejé, versión thai, supongo, porque español no era... Nada más llegar al muelle un señor nos ayudó a ver como funcionaba todo. Ciertamente, en este país hay gente muy muy amable, que compensa con creces a los que te quieren tomar el pelo. El ferry es, para mi, el mejor transporte para cruzar la ciudad de norte a sur y viceversa. Como mucho son 14 Baht por trayecto. Y por el mismo precio ves la ciudad desde el río, y de noche, iluminada, es muy bonita. Además también hay transbordadores que te cruzan de orilla por 3 Baht. La chica que cobraba, muy amable, me indicó cuando nos teníamos que bajar. Y fue salir a la Soi 32 (creo que se les llama sois a las calles que dan al río) y nos encontró un taxista que se ofreció a llevarnos. Menos mal, porque estaba a dos calles de donde estábamos. Nuestro hostal era el New Road Guest House, en la zona de la orilla del río, pegado a los barrios de Silom y Pathom. Está bien, tampoco está muy apartado de todo, aunque hay zonas más céntricas, claro. Nosotros sólo lo necesitábamos de parada, así que nos daba igual. El día siguiente teníamos pensado ir o bien a Kanchanaburi y el Parque Nacional de Erawan o bien a Ayutthaya, la antigua capital del Reino de Siam, dependiendo de las combinaciones. Después del check-in y de dejar las cosas en la caja de cerillas que nos tocó de habitación, bajamos a cenar. Muy bueno todo y muy muy barato. Después del palizón de día volvimos a la habitación, nos duchamos y no tardamos demasiado en caer dormidos... Zzzzzz

Wats y más Wats

19 de abril. Nuestro último día en Siem Reap. Después de desayunar nos vamos con nuestro nuevo chófer a hacer la ruta por Angkor. Nos deja en la ventanillas donde se compran los tickets (de 1, 3 o 7 días) y una vez en nuestras manos nos acompaña a un mapa y nos dice que si queremos podemos ir a ver un templo que hay más lejos, pero que nos costará $10 más. Aceptamos. Para una vez que estamos allí... Además no es mucho si se tiene en cuenta que el templo en cuestión está a 32 kms. Empezamos a tirar para allá (hay más o menos 1 hora de camino) pero paramos en uno de tantos templos que vienen de paso. En este caso el templo se llama Pre Rup y es una pirámide con cuatro torres en la parte de arriba, una en cada esquina, más una mayor en el centro, simbolizando en su conjunto la flor de loto. Después de unas cuantas fotos y de sortear a los vendedores ambulantes que no paran de perseguirte, seguimos. Esta vez sin parar hasta el templo más lejano. Este templo, situado al norte, se llama Banteay Srei. Es diferente a los demás en el color y en la finura de los grabados. La piedra de la que está construido es roja y se dice que lo hicieron mujeres por el detalle de los dibujos. Dicen que es imposible que lo hicieran las vastas manos de los hombres. Bueno, en definitiva, está bien verlo porque es diferente, pero no es el mejor de los que vimos. Ah, también decir que nos pilló un poco de lluvia, así que no nos entretuvimos demasiado. Volvimos con el tuk-tuk por donde habíamos venido y paramos en uno de los templos al que le tenía más ganas: Ta Prohm. Muy impactante. La selva se ha ido adueñando de la estructura y las raíces de los árboles se desbordan por encima de las paredes. Árboles raros, porque su corteza parece de oro; tanto que creía que estaban pintados. En este Wat se filmó la película Tomb Raider y merece mucho la pena darse una vuelta por él. Nuestra siguiente parada fue Angkor Thom, un recinto bastante grande con diferentes construcciones. Nosotros entramos por la puerta este, la Victory Gate y nos dejó en la parte central de todo el complejo, así que, gracias a la guía pequeña de la Lonely, nos hicimos una pequeña ruta. Nos adentramos hacia el oeste y subimos hacia unas piscinas, seguimos y después de que nos atosigaran un poco los vendedores volvimos a bajar y fuimos a la pirámide llamada Phimeanakas (parece griego). Subimos, fotos, bajamos, y continuamos bajando hacia Baphuon, que estaba cerrado. Nos conformamos con algunas fotos exteriores desde la entrada principal y el pasillo que lleva a la misma. Y fuimos a por el último de los templos de Angkor Thom y, a mi parecer, el mejor. En todas sus torres hay esculpidas caras enormes. Bueno, ya pondré una foto para que se vea bien. Al acabar fuimos a buscar al "driver" para que nos llevara a la última visita de la tarde: Angkor Wat, que da nombre a todo el complejo. Una maravilla. De hecho, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Lo malo es que está de restauración y hay un andamio enorme en medio de la parte delantera, que aunque desluce un poco no impide que impresione. Después de aquí volvimos directamente a Babel. Eran casi las 6 de la tarde y habíamos quedado a las 7 para cenar en la guest house de al lado con Eric. Dicha guest house lo dirigen un matrimonio de jubilados venido de Francia, donde él es francés y ella una camboyana que huyó cuando la guerra. Allí regentaban un restaurante en el sur, no recuerdo el nombre, pero se ve que salía en la Guía Michelín. Decidieron volver porque los estaban friendo a impuestos y ella tenía ganas de volver a su país. La verdad es que está bastante desilusionada. Sus antiguos amigos, con su misma ideología en el momento en el que ella tuvo que huir, que se quedaron aquí y lograron sobrevivir a la masacre, ahora trabajan en la capital y son tan corruptos como sus antecesores; así que la cosa ha cambiado algo, pero todavía queda mucho camino por recorrer. En definitiva, está demoralizada y no el futuro muy claro. Bueno, pues cenamos con su marido y dos chicas más hospedadas allí; una madrileña, Elena, que se ha tomado unos meses sabáticos, y una alemana, Kirsten, más de lo mismo, pero que volvía a su país en dos días para abrir un café en una ciudad del norte. Será cuestión de hacerle una visita... Y nada, después de una cena de 5 tenedores, Anna y yo nos fuimos al centro a sacar dinero, que estábamos sin blanca. Bueno, a intentarlo, porque yo no recordaba bien el número secreto y ella ni siquiera cogió su tarjeta. Lo único que sacamos del paseo fue un susto de Anna cuando al salir del cajero se vio rodeada de unas ranas de aspecto, al parecer, bastante feroz... Gritó, se me enganchó del brazo que tenía quemado, grité yo y vino un tuk-tuk a decirnos que si necesitábamos algo: desde un viaje a un poquito de coca... Se ve que el "no" nuestro no lo entienden muy bien porque nos acompañó media calle y no había manera de que se fuera. Al final desistió, por suerte... Con los bolsillos vacíos de cash y con un susto volvimos al hostel, nos conectamos un rato y encargamos un taxi para que el día siguiente nos llevara a la frontera con Tailandia.

viernes, 22 de abril de 2011

Tonle Sap

18 de abril. Un sueño reparador es lo que nos hacía falta. Tanto, tanto, que nos levantamos demasiado tarde para ir a ver Anghkor Wat y todos los demás templos... Nuestro primer pensamiento era coger una bici e ir a Anghkor, pero dado el día tan caluroso que se preveía, decidimos usar un tuk-tuk. Llamé al chico que nos llevó el día anterior al hostel, pero me decía una voz femenina al otro lado de la línea que no existía tal número. Luego descubrí que el fallo era de mi móvil, que no funcionaba en Camboya, no me preguntéis el porqué. Simplemente lo apagué. Por suerte dio la casualidad (o no) de que había un tuk-tuk driver en el bar del hostel, así que nos fuimos con él. Y puedo decir que fue una buena elección, era un tío muy majo. Lástima que ese mismo día le surgiera algún problema en casa y tuviera que irse y dejarnos a cargo de un amigo suyo, que finalmente fue quien nos acompañó el día siguiente de ruta por los templos. Así pues, después de comentarle a N-Jin (me invento la escritura) nuestros planes, nos dijo que mejor posponer Anghkor e ir a ver el lago, Tonle Sap, ese primer día. Nos subimos y cogimos la carretera. Entonces es cuando te das cuenta verdaderamente de la miseria que hay en este país. La mayoría, chabolas en las riveras del río o en los polvorientos arcenes de la carretera. La mayoría con puestos en la entrada para comerciar con lo que pueden. Algo que me llamó la atención fue que en muchos de estos puestos había expuestas botellas reutilizadas con un líquido amarillento, y que yo supuse que era algún tipo de licor casero o algo por el estilo. Pues no, luego descubrí que era gasolina, ya preparada en dosis de 1 litro, para las motos y tuk-tuks varios. Curioso, la verdad, ver una botella de Fanta de los años 80 reciclada de esta manera. Supongo que con la cantidad de transporte motorizado de 2 ruedas que abunda en este país, es algo bastante práctico. Después de tragar un poco de polvo y algún agujerito en la calzada que se le escapó a nuestro chófer, pasamos por un campo bastante grande dedicado a la plantación de flores de loto. Lo que yo no sabía era que, además de adornar los santuarios budistas, se utilizaba como alimento. En concreto las semillas, que están dentro de una especie de capullo, de donde se sacan y, posteriormente, se pelan para comer el interior. Una especie de pipas de girasol y que están bastante sabrosas. Puedo opinar al respecto porque nuestro guía nos acompañó en una visita a una caseta donde estaban desmontando estos capullos y nos invitó a probarlos, pagándolos él mismo de su bolsillo. Dimos un pequeño paseo por la plantación (lo que el sol nos permitió) y seguimos hacia el lago. En un momento llegamos al embarcadero desde donde salen los barcos que hacen las visitas guiadas. Allí había una grúa con bastantes zonas oxidadas medio metida en el agua desde donde niños desnudos (bastante habitual) se tiraban al agua y jugaban. Algo que le trajo recuerdos a N-Jin, que nos contó que él lo solía hacer desde un árbol... Que pocas preocupaciones de niño, verdad? Después de pagar $20 y quedar con el compi en la otra parte, empezamos la visita. Nos acompañó un chico, natural de la aldea flotante del lago, que hacía las veces de guía por una pequeña propina. Una de las cosas que nos explicó es que estábamos en el mes más caluroso (algo que ya nos dijo N-Jin antes) y que era la época seca, así que el río, como mucho, tiene 1 metro de profundidad, y que en la húmeda sube a entre 8 y 10 metros. Este hecho hace que haya 5 kilómetros del embarcadero al lago y que tengamos que ir basta te despacio. También está el peligro de varar, cosa que le había pasado a un barco de más calado que el nuestro un poco antes de llegar al lago. Nos habló también de la pobreza de la zona, que se dedica a la pesca, claro, y que por leyes del gobierno tienen un poco vetada la pesca. Además de la creciente venida de inmigrantes vietnamitas, cosa que, según me pareció, no le hacía mucha gracia. Supongo que por los problemas que ya tienen de por sí para subsistir. Las prohibiciones las solventan teniendo una granja de peces debajo de cada casa. Nos enseña también el sistema de anclaje de las casas. Unos troncos cruzados y clavados al fondo. Pasamos por delante de algunas de estas casas. Unas más grandes, otras con el espacio justo para dormir y tener un sitio donde calentar la comida. La verdad es que impacta ver las condiciones de vida que tienen estas personas... El chico nos explica que hay bastantes muertes en el lago. Lo que no llegué a entender es si por ahogamiento, aunque supongo que será la causa más posible. Nos comenta que nos va a llevar al colegio de la aldea flotante, donde hay muchos niños huérfanos, pero que antes hay que pasar por una tienda para comprarles comida o lápices o libretas... o lo que sea, para entregárselas al maestro y así poder estar un rato con ellos. ¿Qué decir? Que si pudieras te llevarías a un crío de estos a casa. Te pedían que los cogieras, se ponían a hacer poses, jugaban contigo... Hasta le dejé mi cámara a uno para probar a hacer fotos, y por la cara que ponía no creo que hubiese cogido muchas otras antes. En resumen, una muy buena experiencia. Tanto que nos tuvo que venir a buscar el guía... Por último nos llevó a una granja de peces, donde había un montón de peces gato en una piscina y unos cuantos cocodrilos en otro agujero. Subimos a la parte más alta e hicimos alguna foto panorámica, lo justo antes de empezar a achicharrarnos, ya que caía un solano impresionante. Dimos una vuelta por la tienda de souvenirs montada allí mismo y nos subimos en el barco de nuevo para volver a donde nos esperaba nuestro tuk-tuk driver... N-Jin nos preguntó que qué queríamos hacer entonces y le dijimos que nos llevara a comer a algún sitio de comida camboyana. Una vez en el sitio, una terraza medio tropical bastante guapa, le dijimos que si quería comer con nosotros, a lo que insistió en negarse. Al menos aceptó un refresco... Fue entonces cuando recibió una llamada y nos dijo que se tenía que ir por algún problema en casa y que vendría un amigo suyo a devolvernos al hotel. Se fue, comimos, y nos llevaron al hostel. Una vez allí, subimos, nos refrescamos un poco y nos fuimos a ver Siem Reap andando. Eran las 3 y pico y tengo que decir que se nos fue la olla... Aunque lo debimos sospechar cuando los lugareños, al ofrecernos tuk-tuks y negarnos, nos miraban con una cara bastante expresiva... Bueno, sobrevivimos... Sudamos lo nuestro, pero aquí estamos. En nuestro paseo al centro vimos un monasterio con la historia de buda pintada en las paredes del muro que lo rodeaba y un par de budas dentro, uno sentado y el otro tumbado. Continuamos y llegamos al centro: un montón de locales dedicados a uso y disfrute turístico. Al lado había un mercado local, con puestos también para turistas, pero donde un gran número de tiendas eran de alimentación y ropa para los locales. En definitiva, una experiencia para los sentidos, sobre todo el olfato... Después de mirar unos cuadros y decir que los compraríamos al día siguiente, fuimos a que yo probara una cosa: el Dr. Fish. O lo que es lo mismo, meter los pies en un acuario lleno de peces hambrientos de pieles muertas. Y sí, al principio impacta, y además hace unas cosquillas insoportables; tienes a un enjambre de pececillos comiendo de ti, es normal. Y lo que tengo que decir es que funciona. Además de relajarme, me dejaron unos pies como nunca antes. Lo repetiré. Además Anna también se lo pasó bien, no paraba de reírse de mis muecas y movimientos. Y no era para menos, tenía que concentrarme para no sacar los pies de golpe... Para acabar de relajarnos nos sentamos en una terraza para relajarnos con una cervecita y un daiquiri en la mano, que nos lo merecíamos. Y volvimos al hotel, nos encontramos con Eric y quedamos para cenar después. Nos contamos las aventuras del día y nos fuimos a dormir. Al día siguiente habíamos quedado a las 8:30 con el nuevo tuk-tuk...