jueves, 11 de agosto de 2011

De Nuevo en Bangkok, como en Casa…

Día 6 de mayo.  Hoy toca el regreso a Bangkok y quedar con nuestros amigos para celebrar como Dios manda, aunque hayan pasado unos días, mi cumpleaños. Me queda la espinita de haber estado en una Phangan en horas bajas y aquí pienso desquitarme… Vaya que sí…
Para empezar nos toca un madrugón de los buenos. Habíamos quedado a las 6 para ir al aeropuerto con el conductor del tuk-tuk y nos levantamos un rato antes. Cuando bajamos a recepción ya estaba allí esperándonos. Devolvimos la llave y nos metimos en la parte trasera de aquella furgoneta, dispuestos a golpearnos con el techo a cada bache que pillásemos. Afortunadamente las carreteras están en muy buenas condiciones y no sufrimos demasiado, pero aún y así, alguna buena nos llevamos.
El aeropuerto de Suratthani es bastante pequeño y una vez dentro no tienes problemas para orientarte. Nos dirigimos a facturar las maletas y luego nos dedicamos a esperar mientras damos cuenta de las galletas y pastas que llevábamos para el desayuno. Cuando ya no sabemos que hacer vamos a pasar el control de pasaportes y nos vamos directos a la puerta de embarque a esperar a nuestro vuelo. Estando esperando pasa una azafata de Air Asia para ver nuestras tarjetas de embarque y así adelantar faena, lo que veo muy bien. Llegado el momento de embarcar el proceso se lleva a cabo en un momento y, una vez dentro del avión, no esperamos casi nada para despegar. Y así, casi sin darnos cuenta, estamos otra vez en el aeropuerto de Bangkok, recogiendo las maletas y yendo a la parada del City Line para que nos lleve al centro. Como la vez anterior, tenemos que hacer un transbordo y coger el Metro para poder llegar a  la estación de Hua Lampong. Teníamos pensado quedarnos en el mismo hostel de Chinatown, pero cogemos otro que está en la misma calle que parecía estar mejor.
Después de acomodarnos un poco nos fuimos hacia la parada del ferry de Chinatown.  Queríamos ir a uno de los tantos mercados flotantes que hay por la ciudad, aunque sin saber muy bien como llegar a él.  Nuestros conocimientos se basaban en las explicaciones de la guía y lo que nos decía era que teníamos que bajar en la última parada y poco más… y eso hicimos, bajamos en la última, cruzamos a la otra orilla con un transbordador y… no encontramos nada de nada.  Preguntamos en una óptica pero no entendían nada de inglés (y cuando digo nada, es nada de nada), así que desistimos, volvimos a cambiar de orilla y cogimos el ferry de nuevo.
Bajamos en la zona del Gran Palacio, ya que queríamos cruzar hasta el Wat Arun para comprar una figura de Ganesha. La compramos y aprovechamos para comprar unos regalos más que faltaban en la otra orilla, la del Wat Pho.
Después de esto nos fuimos a comer algo al mercado que montan al lado del Gran Palacio, a un puesto al que le teníamos echado el ojo de la otra vez, y ya puestos, de alguno de los alrededores…
Cuando nos cansamos de dar vueltas por la zona, cogimos el bus y nos bajamos por Chinatown. Decidimos ir caminando hacia el rascacielos más grande de toda Tailandia, el Baiyoke, con su porrón de metros.  Mientras nos iba oscureciendo nos íbamos dando cuenta de que no estaba tan cerca como pensábamos.  Habíamos quedado con nuestros amigos en llamarnos para quedar para la noche y celebrar mi cumpleaños y se nos estaba echando el tiempo encima.  Visto lo visto, cogimos un tuk-tuk que nos dejó en la misma puerta del edificio.  Compramos las entradas para subir, creo que por unos 250 Baht, con bebida incluida en el bar del mirador y, después de hacer un rato de cola, accedimos al ascensor que nos dejó en una de las plantas más altas.
La verdad es que ahora no me acuerdo muy bien de cómo iban los números, pero te dejaban en una planta, donde había otro ascensor que te subía otras 2 o 3.  En esta planta es donde se encontraba el bar, y es donde tomabas las escaleras por las que accedías a un mirador sin cristales y que giraba.  Hicimos un poco de visita por las 3 plantas a las que tienes acceso y después de tomarnos una copa en el bar, bajamos a la calle.
Al girar la esquina de la manzana, hay una parada de metro.  Nos venía de muerte, ya que nos dejaría al lado del hostel.  Cenamos en un local bastante cutre que estaba bastante cerca y nos fuimos a duchar para salir a disfrutar de la noche de Bangkok.
Habíamos quedado con nuestros amigos en KhaoSan Road, la calle de los mochileros, y para llegar tuvimos que coger un tuk-tuk. Nada más apearnos y mirar hacia la calle los vimos pasar por delante y fuimos a su encuentro.  Tengo que decir que hay mucha fiesta en esta zona, y gente de todas las nacionalidades.  Nosotros cogimos una Chang y empezamos la noche…

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