jueves, 28 de abril de 2011

Tormentón

23 de abril. Nada más levantarnos y desayunar fuimos a cambiar dinero a la estación. Fuimos a la agencia a recoger el itinerario y volvimos andando hacia Chinatown. Decidimos ir a ver el Palacio Imperial, ya que el día anterior no fue posible, y para ello pensamos en coger el ferry que nos dejaba justo al lado. Hay que tener cuidado, en las entradas, o por lo menos en una de ellas, hay gente que te dice que no puedes entrar con tirantes o pantalón corto por encima de la rodilla, para que les compres a ellos pañuelos o lo que a ellos se les antoje. No hace falta. Cuando vas a entrar a ver al Buda ya dejan un pañuelo o dos. El recinto del Palacio es muy grande. Muchos templos por todas partes y un mural impresionante en las paredes que rodean al principal. Había más de un sitio en el que no se podía entrar, así que no tardamos mucho en acabar. Tanto mejor, porque hacía un sol impresionante y cuando tocaba ir de un sitio a otro y no había sombra era bastante jodido. Salimos y nos fuimos dirección al muelle para coger el transbordador que nos cambiase de orilla para ir a ver el Wat Arun. Hay otra estafa que hacen, y nos la intentaron hacer. cuando fuimos a pagar para cruzar nos vino una mujer a decirnos que estaba cerrado. ¿Para qué te dicen esto? Para que contrates una excursión con ellos y te soplen la pasta. Para variar, pasamos de su cara. Le pregunté a la taquillera y cruzamos. Cuando llegamos a la otra orilla nos dimos cuenta de que nos había dejado un poco alejado de donde íbamos nosotros, pero tampoco mucho. Había otro templo, pero uno de tantos. Salimos a la calle principal y caminamos hacia el sur tranquilamente. El paseo valió la pena. El Wat Arun consta de cinco torres (supongo que la típica formación del loto) y está totalmente recubierto de trozos de porcelana. Además puedes subir arriba por unas escaleras súper empinadas y hay unas vistas de Bangkok espectaculares. Esto nos dio la visión de unos nubarrones negros con aspecto bastante amenazador que se aproximaban por detrás del Palacio Imperial. Nos fuimos con la idea de cruzar el río de nuevo, ir a comer algo al mercadillo y coger el ferry de vuelta a casa. Lo que conseguimos fue cruzar y quedarnos a mitad de camino del mismo, ya que se empezó a levantar el aire y a escucharse truenos, de golpe se puso a llover a saco, con rachas de viento fuerte... Nosotros nos metimos en una cabina para protegernos, pero con el viento tampoco lo conseguimos totalmente. Cuando paró un poco y salimos resultó que había una terraza cubierta a 5 metros a la izquierda... Para morirse, vamos... Y yo que estuve un rato diciendo que fuésemos en esa dirección para resguardarnos debajo de los árboles. Cuando paró del todo de llover nos acercamos a una caseta de información turística que hay allí al lado a preguntar qué autobús nos podía dejar cerca de nuestro alojamiento. Nos dijo un par de números y cogimos uno de ellos, que nos dejó al ladito por 13 Baht. Cuando llegamos al hostel, pagamos, recogimos la colada que les habíamos encargado y nos fuimos a duchar. Luego cogimos el metro para volver a Patpong para hacer algunas compras. Otro lujo de estar hospedado al lado del metro...
Consejo para Patpong: hay que regatear a saco, porque este mercado tiene los precios más altos; pero regatea si vas a comprar... Aunque a veces hasta se regatean ellos mismos. A mi me dieron un precio inicial de 2100 Baht sin preguntar y cuando seguía andando sin hacerles caso me lo bajaron a 800... Con lo que ellos mismos se dejan en evidencia del precio abultado que tiene su mercancía. Lo dicho. a saco.
Después de gastar unos cuantos Baht y ver que empezaba a llover de nuevo, volvimos al metro. Llegamos a la guest house y nos pusimos a hacer las maletas. A la mañana siguiente cogeríamos el avión que nos llevaría a Chiang Mai.

No hay comentarios:

Publicar un comentario