jueves, 11 de agosto de 2011

Bye Bye Bangkok

Día 7 de mayo.  Nos levantamos tarde y resacosos…  Qué decir, la noche dio bastante de sí… jej.
Una vez despejados, recogimos las cosas y las metimos en las mochilas.  Era nuestro último día allí y queríamos dejar abajo en recepción las cosas para que nos las vigilaran, ya que no era plan de cargar con todo durante todo el día.  Así pues, nos fuimos ligeros a la calle.  Nuestro primer paso era comer algo, así que fuimos a la estación de tren y nos sentamos en un local que ya conocíamos y que está muy bien.
Después de esto fuimos al metro y nos bajamos en el Lumphini Park, el más famoso de Bangkok.  Anduvimos por allí un rato, nos tropezamos con un lagarto… Bueno, Anna casi lo pisa, pero dio un salto y casi se sube a un árbol… No sé que tipo de lagarto era, pero por este parque hay hasta dragones de komodo. Y bastante grandes. Creo que si ella hubiera visto uno de esos sale del parque por patas. Fijo.
Descansamos un poco en un banco a la sombra y decidimos salir y buscar el centro comercial MBK, muy famoso.  Nos liamos un poco y nos paseamos delante de un montón de embajadas antes de ponernos por el buen camino. Recuerdo que el sol pegaba bastante fuerte, así que cuando no había sombra, sudábamos a chorro.
Llegamos a la zona del MBK, donde hay paradas de sky train y pasaba la vía por encima de nuestras cabezas.  Aquello era un hormiguero, gente por todas partes, coches y atascos, puestos y más puestos…
Justo cuando estábamos al lado, vi que en la acera de enfrente estaba el Bangkok Art and Culture Centre, que había visto en un programa de televisión. Cuando fuimos a pasar de acera para visitarlo, vimos que en la puerta del MBK habían montado un escenario y había gente cantando, pero pensamos en verlo después.
Entramos y dimos una vuelta. Las últimas plantas estaban dedicadas a Graffitis, y muy buenos. Había otras cosas montadas, pero esto es lo que más nos llamó la atención.
Salimos y fuimos hacia el otro lado.  Cruzamos por el paso elevado y nos dirigimos hacia el escenario. Entonces nos dimos cuenta que lo que habían montado era una especie de convención manga o animé, ya que había gente disfrazada de personajes de animación por todas partes. Gente con la vestimenta más variopinta, algunos con más acierto que otros, pero bastante trabajados en general. Lo del escenario debía ser un concurso de cantar canciones de los dibujos, supongo.  Muy curioso todo, la verdad, pero entramos dentro del centro comercial.
Dentro hay tiendas por todas partes y de todas clases.  Yo creía que por ser un sitio cerrado los precios serían más elevados y la ropa sería de verdad, no pirata.  El caso es que no, allí todo va igual que en los mercadillos de la calle.  Y no lo entiendo, porque se supone que el gobierno de Tailandia, mira mucho lo de la piratería… en teoría…
El caso es que compramos un par de cosillas que nos faltaban y al bajar nos paramos en la misma cadena japonesa del Tesco-Lotus de Suratthani a tomar un tentempié. Todavía nos quedaban unos cuantos platos por probar, y todavía nos quedarán para cuando volvamos a venir...
Después de esto, cogimos el metro y volvimos al hostel. Íbamos mal de tiempo y les fuimos a decir que si podíamos dejar la maleta un par de horas más. No hubo ningún problema, así que volvimos al metro y nos dirigimos a un mercado nocturno diferente:  el Vespa Market.
Cuando llegamos lo estaban acabando de montar.  Aquí hay ropa usada, trastos varios, comida, bebida,… y el doble de Jack Sparrow…  Sí señor, idéntico, pero en thai.  Y, o es un flipado, o algo hay; porque tenía un portátil abierto con fotos suyas caracterizado y en escenarios raros.  Ya pondré una foto…
Nos fuimos de aquí y cogimos el metro.  Habíamos quedado con nuestros amigos en Chinatown para dar una vuelta por los puestos y cenar algo, pero no les gustó mucho la idea de comer de los puestos callejeros y pillamos unos tuk-tuk para ir a Patpong.  El otro mercado, con ropa falsa y con los pesados de los ping pong show, pero bastante mejor.  Anna y yo íbamos con la hora pegada al culo.  Dimos una vuelta con ellos por los puestos y cenamos en un KFC algo rápido.  Después de esto nos despedimos deseándoles un buen resto de viaje (3 semanas casi… ainx) y nos fuimos a coger el metro para Chinatown de nuevo.
Una vez allí, fuimos al hostel y cogimos nuestras pertenencias.  Pasamos por un 7-Eleven a comprar un par de cosillas y paramos un taxi.
Después de una carrera a lo loco, nos dejó en la terminal, le pagamos y nos quedamos allí parados, pensando en que sí, que había llegado el final…
Fuimos a facturar y de allí a la puerta de embarque.  Nos gastamos nuestros últimos Baht en sendas cervezas, que nos sirvieron de despedida, y nos fuimos a esperar para entrar en el avión, en el cual comenzábamos un regreso a casa de casi 13 horas…

De Nuevo en Bangkok, como en Casa…

Día 6 de mayo.  Hoy toca el regreso a Bangkok y quedar con nuestros amigos para celebrar como Dios manda, aunque hayan pasado unos días, mi cumpleaños. Me queda la espinita de haber estado en una Phangan en horas bajas y aquí pienso desquitarme… Vaya que sí…
Para empezar nos toca un madrugón de los buenos. Habíamos quedado a las 6 para ir al aeropuerto con el conductor del tuk-tuk y nos levantamos un rato antes. Cuando bajamos a recepción ya estaba allí esperándonos. Devolvimos la llave y nos metimos en la parte trasera de aquella furgoneta, dispuestos a golpearnos con el techo a cada bache que pillásemos. Afortunadamente las carreteras están en muy buenas condiciones y no sufrimos demasiado, pero aún y así, alguna buena nos llevamos.
El aeropuerto de Suratthani es bastante pequeño y una vez dentro no tienes problemas para orientarte. Nos dirigimos a facturar las maletas y luego nos dedicamos a esperar mientras damos cuenta de las galletas y pastas que llevábamos para el desayuno. Cuando ya no sabemos que hacer vamos a pasar el control de pasaportes y nos vamos directos a la puerta de embarque a esperar a nuestro vuelo. Estando esperando pasa una azafata de Air Asia para ver nuestras tarjetas de embarque y así adelantar faena, lo que veo muy bien. Llegado el momento de embarcar el proceso se lleva a cabo en un momento y, una vez dentro del avión, no esperamos casi nada para despegar. Y así, casi sin darnos cuenta, estamos otra vez en el aeropuerto de Bangkok, recogiendo las maletas y yendo a la parada del City Line para que nos lleve al centro. Como la vez anterior, tenemos que hacer un transbordo y coger el Metro para poder llegar a  la estación de Hua Lampong. Teníamos pensado quedarnos en el mismo hostel de Chinatown, pero cogemos otro que está en la misma calle que parecía estar mejor.
Después de acomodarnos un poco nos fuimos hacia la parada del ferry de Chinatown.  Queríamos ir a uno de los tantos mercados flotantes que hay por la ciudad, aunque sin saber muy bien como llegar a él.  Nuestros conocimientos se basaban en las explicaciones de la guía y lo que nos decía era que teníamos que bajar en la última parada y poco más… y eso hicimos, bajamos en la última, cruzamos a la otra orilla con un transbordador y… no encontramos nada de nada.  Preguntamos en una óptica pero no entendían nada de inglés (y cuando digo nada, es nada de nada), así que desistimos, volvimos a cambiar de orilla y cogimos el ferry de nuevo.
Bajamos en la zona del Gran Palacio, ya que queríamos cruzar hasta el Wat Arun para comprar una figura de Ganesha. La compramos y aprovechamos para comprar unos regalos más que faltaban en la otra orilla, la del Wat Pho.
Después de esto nos fuimos a comer algo al mercado que montan al lado del Gran Palacio, a un puesto al que le teníamos echado el ojo de la otra vez, y ya puestos, de alguno de los alrededores…
Cuando nos cansamos de dar vueltas por la zona, cogimos el bus y nos bajamos por Chinatown. Decidimos ir caminando hacia el rascacielos más grande de toda Tailandia, el Baiyoke, con su porrón de metros.  Mientras nos iba oscureciendo nos íbamos dando cuenta de que no estaba tan cerca como pensábamos.  Habíamos quedado con nuestros amigos en llamarnos para quedar para la noche y celebrar mi cumpleaños y se nos estaba echando el tiempo encima.  Visto lo visto, cogimos un tuk-tuk que nos dejó en la misma puerta del edificio.  Compramos las entradas para subir, creo que por unos 250 Baht, con bebida incluida en el bar del mirador y, después de hacer un rato de cola, accedimos al ascensor que nos dejó en una de las plantas más altas.
La verdad es que ahora no me acuerdo muy bien de cómo iban los números, pero te dejaban en una planta, donde había otro ascensor que te subía otras 2 o 3.  En esta planta es donde se encontraba el bar, y es donde tomabas las escaleras por las que accedías a un mirador sin cristales y que giraba.  Hicimos un poco de visita por las 3 plantas a las que tienes acceso y después de tomarnos una copa en el bar, bajamos a la calle.
Al girar la esquina de la manzana, hay una parada de metro.  Nos venía de muerte, ya que nos dejaría al lado del hostel.  Cenamos en un local bastante cutre que estaba bastante cerca y nos fuimos a duchar para salir a disfrutar de la noche de Bangkok.
Habíamos quedado con nuestros amigos en KhaoSan Road, la calle de los mochileros, y para llegar tuvimos que coger un tuk-tuk. Nada más apearnos y mirar hacia la calle los vimos pasar por delante y fuimos a su encuentro.  Tengo que decir que hay mucha fiesta en esta zona, y gente de todas las nacionalidades.  Nosotros cogimos una Chang y empezamos la noche…