jueves, 28 de abril de 2011

Regreso a Bangkok

22 de abril. A las 7 de la mañana, después de un viaje en tuk-tuk, nos encontramos esperando el tren. Llega tarde (cómo no) pero llega. Y nos pegamos otras 2 horas de viaje durante, entre otras cosas, miro posibles hostales en los que alojarnos en la Lonely Planet.
Nada más llegar vamos a ver uno de los que he visto, por el barrio chino y, por lo tanto, cerca de la estación de tren y metro de Hua Lampong; cosa que nos facilitará el transporte hacia el aeropuerto. Nuestra primera opción está al completo y decidimos quedarnos en el de enfrente, que no tiene muy mala pinta al fin y al cabo.
Descargamos y nos vamos a hacer una ruta a pie por Chinatown que viene indicada en la Lonely. Sólo llegamos a hacer la primera parada, un templo con un Buda de oro bastante grande, aunque no el que más... Nada más salir y girar la primera esquina, nos encontramos con un hombre que trabaja para el T.A.T., la agencia estatal de turismo. Hablamos con él un rato y nos indica otras cosas que ver para ahorrarnos el paseo con el calor que hacía. Nos dice también que deberíamos mirar ya el alojamiento en Chiang Mai y que en la oficina oficial podrían darnos buenos precios. Nos subimos a un tuk-tuk, también oficial, que nos llevará a cuatro sitios por 4 duros.
Primero vamos a la agencia y explicándole nuestro itinerario nos ofrece un paquete bastante apetecible. Negociando un poco y pensando en la otra opción (la de seguir buscándonos la vida tanto con los hoteles como con los transportes de conexión) decidimos aceptar. Aunque seguro que hubiéramos encontrado cosas más baratas, lo de olvidarte de pensar en cómo vas a llegar al aeropuerto o a las islas, lo compensa. Y tenemos muchas conexiones por delante... Ah, los hoteles que nos han buscado superan cualquiera de los hasta ahora visitados, al menos en foto. Ya se verá.
Después de dejar a la chica de la agencia nos vamos a hacer las visitas que nos aconsejaron y llegamos a la primera: el Lucky Budda, un Buda tumbado dorado con incrustaciones de diamantes, rubíes y zafiros, entre otras piedras preciosas. Esto nos lo explica el vigilante del lugar, un tío súper simpático al que nos habríamos llevado con nosotros para amenizarnos la excursión. Nos contó lo que se hacía en el templo y como funcionaba. Al decirle que luego íbamos a la Thai Factory (donde venden piedras del país) nos explicó el significado del zafiro (poder, para el hombre) y el rubí (fuerza, para la mujer) y cosas por el estilo. Todo esto haciendo coña y sin parar de reír. Muy bueno. Después de la Thai Factory fuimos al templo en la cima del Monte Dorado (The Golden Mount), donde no hay gran cosa pero tiene unas vistas de Bangkok formidables.

Panorámica de Bangkok desde la cima del Golden Mount
Al bajar nos llevamos una sorpresa, y no precisamente buena. Nuestro conductor se había ido, según nos dijo la mujer del puesto de bebidas, a la central; y nos había dejado a otro para acabar. Y estas son las movidas que te tocan las narices, porque este otro nos llevó de ruta de tiendas de trajes para que le dieran gasolina. Lo que teníamos que hacer era entrar y estar un rato haciendo el papelón de que queríamos comprar un traje. Bueno, al final conseguimos llegar a la última parada, el Wat Pho. Le dimos lo pactado al tío del tuk-tuk y entramos. Es bastante guapo. Está al lado del Palacio Imperial y dentro del recinto hay bastantes templos que visitar. Hay una especie de estanque donde metí los pies para refrescarme. En estas estaba cuando mis pantorrillas llenas de picadas de mosquito llamaron la atención de una pareja de españoles que había allí sentados también. Nos pusimos a hablar u resulta que se iban al día siguiente a Siem Reap, al Babel. Vaya casualidad. Les explicamos un poco como funcionaba la cosa para que no se dejaran enredar y nos fuimos a terminar la visita y a ver si podíamos ir también a ver el Palacio. No pudo ser. Cierra a las 15.30 y ya eran las 4 y pico. Seguimos el mismo camino y nos encontramos un mercadillo. Como igualmente habíamos decidido coger el ferry, teníamos que atravesarlo. Comimos algo probando de un puesto y de otro y llegamos al muelle. Nos esperamos un rato y nos subimos para bajarnos en Chinatown. Al bajar del barco hay que atravesar unas callejuelas y luego un par de calles y llegas justo a la acera de enfrente de Hua Lampong. Va de muerte para ahorrarte un taxi o tuk-tuk. Nos fuimos a la habitación a asearnos un poco y bajamos a dar una vuelta por Chinatown, a ver el mercadillo que nos habían dicho que montaban. Resulta que se lía bastante en la calle, pero sobre todo con comida. Hay puestos para aburrir y más gente todavía. Muchísimos carteles iluminados con caracteres chinos (obvio) que hacen que casi parezca que estás en Las Vegas. Vale la pena una visita de noche. Compré una brocheta y nos dimos la vuelta, nos metimos en una callejuela y dimos a la paralela. Cuando volvíamos a la principal nos encontramos con la pareja de andaluces afincados en Inglaterra. Nos sentamos con ellos mientras acababan de cenar y decidimos ir a dar una vuelta juntos. Pensamos en el mercado nocturno pero no recordaba donde estaba. Hasta que se me iluminó la bombilla: Patpong, donde las lumis... Intentamos entendernos con los vecinos de mesa para ver como ir, pero no hubo manera. Lo único que eran capaces de decir era one y señalar hacia la calle. En definitiva, no nos quedó otra que coger un tuk-tuk, que gracias a Jonie nos salió casi regalado. Una vez allí lo único que ves son puestos de venta de cualquier cosa, tuk-tuks ofreciéndose y luces y más luces. Cruzamos la calle y empezamos a adentrarnos por los tenderetes. Entonces es cuando también nos empezaron a ofrecer ping-pong shows. Si hubiéramos ido solos ni hubiera pensado en entrar, pero como estábamos los cuatro, por curiosidad, nos dejamos enredar. Y sí, fue una puta enredada... Para empezar las mujeres no valían un duro y daban un poco de asco. Nada más sentarme ya quería irme. La verdad es que no nos acabamos ni la cerveza, pero cuando fuimos a pagar es cuando la madame, o lo que fuera aquella cosa, nos intentó colar una cuenta que no tenía nada que ver con lo que nos habían dicho. Hasta nos gritaba, la muy z..... Al final, para no liarla llegamos a un acuerdo. Pero nos quedamos con una cara de pringaos y una mala leche impresionantes... Moraleja: PASAD DE LOS PING-PONG SHOWS!!! Pues después de la experiencia no nos quedaron ganas más que para sentarnos a relajarnos la rabia en la calle. Estuvimos hablando un rato y nos fuimos a buscar un taxi que nos llevara a "casa". Una vez en nuestro barrio nos despedimos y nos deseamos unas buenas vacaciones. Y a dormirla...

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