martes, 17 de mayo de 2011
Trekking o Malditos Elefantes...
27 de abril. Día de trekking. Hoy es día de campo, de andar un poco y de alguna visita que otra. Nuestro itinerario, en principio, comenzaba por el paseo por la jungla a lomos de un elefante. El caso es que estaban ocupados los pobres bichos, así que el programa se modifica y lo dejamos para lo penúltimo. Así pues, lo primero que vemos es el poblado de una gente, creo que lannas también, aunque no estoy seguro. Lo único que hacen es intentar vendernos su artesanía, que viendo donde y como viven, dudo mucho que lo fabriquen ellos; por mucho que monten el papelón de tejedoras delante de los turistas. En esta aldea comenzamos una caminata, aunque se le podría llamar paseo, porque no conlleva ninguna dificultad. Con nosotros viene una familia francesa con dos niños, un señor inglés jubilado y un chico japonés que, al principio lo aparenta y al final lo demuestra, ser un pelín friki... Al final de la primera caminata se encuentra una cascada bastante guapa, debajo de la cual intento meterme pero la corriente es muy fuerte y me empuja hacia abajo. Lo único que consigo es aguantarme 1 o 2 metros por delante para la pose fotográfica. Ah, el agua estaba buenísima para ser un río. Seguimos andando después del chapuzón, esta vez a la vera de un canal pequeño. Vemos una araña enorme justo al lado del camino, pasamos por, según nos dice el guía, una localización de la última peli de Rambo, y llegamos a otra aldea, más penosa todavía que la anterior. Allí nos espera el minivan y nos lleva a comer. Un sitio cutrísimo que no se parece en nada a ningún sitio donde yo halla podido comer antes, ni por asomo... Aunque tengo que decir que la comida al final estuvo bien, al menos para mí. Pero eso no quiere decir nada, ¿verdad? Y ahora sí, nos tocaban los elefantes... Que mira, porque tenía la curiosidad y lo teníamos que hacer, pero vaya tela. Los hierros del asiento clavándose en las piernas; siempre a punto de caernos (o nos lo parecía) y, para colmo, con llovizna. Pero mira, esto último tenía su gracia... Mientras paseábamos le íbamos dando de comer plátanos que habíamos comprado previamente, que también es curioso. Lo último que nos faltaba era hacer Bamboo Rafting. Bajar por un río en una barca hecha con troncos de bambú. Lo mejor del día diría yo. Y eso que me tocó hacer de timonel, con un remo detrás. Así que me tiré el viaje de pié, salpicando a Anna, que estaba delante cagándose en mí, ahora sí ahora también... Pero era divertido. Antes de llegar nos bajamos todos en un punto para subirnos después. Es aquí donde el chaval de antes nos sacó de dudas de lo raro que era... Tenía que pasar de un entarimado a la barca y metió los tejanos hasta la rodilla en el agua. Eso le puede pasar a cualquiera, pero es que luego iba a saltar de la tarima a la barca. A ver, si te costado pasar dando un paso, ¿cómo se te ocurre intentar dar un salto a una barca de bambú resbaladizo? Qué personaje. Total, que nos reímos lo nuestro. Además que me puse de gondolero y me puse a cantar el "O sole mio" para romper el hielo más que nada... Y de aquí nos llevaron para casa. Bueno, para el hotel. Pero nosotros dijimos que nos parasen en la óptica a recoger las gafas. Hay que ver que tranquilas y con qué cuidado tratan las gafas. Son muy profesionales. Nos fuimos a dar una ducha y luego a dar una vuelta. Después de dar unas cuantas vueltas miramos en el mapa y vimos un sitio donde ponen un mercado nocturno. Y para allá que nos fuimos. Inmenso. No nos lo acabamos. Hicimos las últimas compras de Chiang Mai y volvimos al hotel, a dejar las maletas hechas para el día siguiente.
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