lunes, 25 de abril de 2011

Wats y más Wats

19 de abril. Nuestro último día en Siem Reap. Después de desayunar nos vamos con nuestro nuevo chófer a hacer la ruta por Angkor. Nos deja en la ventanillas donde se compran los tickets (de 1, 3 o 7 días) y una vez en nuestras manos nos acompaña a un mapa y nos dice que si queremos podemos ir a ver un templo que hay más lejos, pero que nos costará $10 más. Aceptamos. Para una vez que estamos allí... Además no es mucho si se tiene en cuenta que el templo en cuestión está a 32 kms. Empezamos a tirar para allá (hay más o menos 1 hora de camino) pero paramos en uno de tantos templos que vienen de paso. En este caso el templo se llama Pre Rup y es una pirámide con cuatro torres en la parte de arriba, una en cada esquina, más una mayor en el centro, simbolizando en su conjunto la flor de loto. Después de unas cuantas fotos y de sortear a los vendedores ambulantes que no paran de perseguirte, seguimos. Esta vez sin parar hasta el templo más lejano. Este templo, situado al norte, se llama Banteay Srei. Es diferente a los demás en el color y en la finura de los grabados. La piedra de la que está construido es roja y se dice que lo hicieron mujeres por el detalle de los dibujos. Dicen que es imposible que lo hicieran las vastas manos de los hombres. Bueno, en definitiva, está bien verlo porque es diferente, pero no es el mejor de los que vimos. Ah, también decir que nos pilló un poco de lluvia, así que no nos entretuvimos demasiado. Volvimos con el tuk-tuk por donde habíamos venido y paramos en uno de los templos al que le tenía más ganas: Ta Prohm. Muy impactante. La selva se ha ido adueñando de la estructura y las raíces de los árboles se desbordan por encima de las paredes. Árboles raros, porque su corteza parece de oro; tanto que creía que estaban pintados. En este Wat se filmó la película Tomb Raider y merece mucho la pena darse una vuelta por él. Nuestra siguiente parada fue Angkor Thom, un recinto bastante grande con diferentes construcciones. Nosotros entramos por la puerta este, la Victory Gate y nos dejó en la parte central de todo el complejo, así que, gracias a la guía pequeña de la Lonely, nos hicimos una pequeña ruta. Nos adentramos hacia el oeste y subimos hacia unas piscinas, seguimos y después de que nos atosigaran un poco los vendedores volvimos a bajar y fuimos a la pirámide llamada Phimeanakas (parece griego). Subimos, fotos, bajamos, y continuamos bajando hacia Baphuon, que estaba cerrado. Nos conformamos con algunas fotos exteriores desde la entrada principal y el pasillo que lleva a la misma. Y fuimos a por el último de los templos de Angkor Thom y, a mi parecer, el mejor. En todas sus torres hay esculpidas caras enormes. Bueno, ya pondré una foto para que se vea bien. Al acabar fuimos a buscar al "driver" para que nos llevara a la última visita de la tarde: Angkor Wat, que da nombre a todo el complejo. Una maravilla. De hecho, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Lo malo es que está de restauración y hay un andamio enorme en medio de la parte delantera, que aunque desluce un poco no impide que impresione. Después de aquí volvimos directamente a Babel. Eran casi las 6 de la tarde y habíamos quedado a las 7 para cenar en la guest house de al lado con Eric. Dicha guest house lo dirigen un matrimonio de jubilados venido de Francia, donde él es francés y ella una camboyana que huyó cuando la guerra. Allí regentaban un restaurante en el sur, no recuerdo el nombre, pero se ve que salía en la Guía Michelín. Decidieron volver porque los estaban friendo a impuestos y ella tenía ganas de volver a su país. La verdad es que está bastante desilusionada. Sus antiguos amigos, con su misma ideología en el momento en el que ella tuvo que huir, que se quedaron aquí y lograron sobrevivir a la masacre, ahora trabajan en la capital y son tan corruptos como sus antecesores; así que la cosa ha cambiado algo, pero todavía queda mucho camino por recorrer. En definitiva, está demoralizada y no el futuro muy claro. Bueno, pues cenamos con su marido y dos chicas más hospedadas allí; una madrileña, Elena, que se ha tomado unos meses sabáticos, y una alemana, Kirsten, más de lo mismo, pero que volvía a su país en dos días para abrir un café en una ciudad del norte. Será cuestión de hacerle una visita... Y nada, después de una cena de 5 tenedores, Anna y yo nos fuimos al centro a sacar dinero, que estábamos sin blanca. Bueno, a intentarlo, porque yo no recordaba bien el número secreto y ella ni siquiera cogió su tarjeta. Lo único que sacamos del paseo fue un susto de Anna cuando al salir del cajero se vio rodeada de unas ranas de aspecto, al parecer, bastante feroz... Gritó, se me enganchó del brazo que tenía quemado, grité yo y vino un tuk-tuk a decirnos que si necesitábamos algo: desde un viaje a un poquito de coca... Se ve que el "no" nuestro no lo entienden muy bien porque nos acompañó media calle y no había manera de que se fuera. Al final desistió, por suerte... Con los bolsillos vacíos de cash y con un susto volvimos al hostel, nos conectamos un rato y encargamos un taxi para que el día siguiente nos llevara a la frontera con Tailandia.

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