viernes, 10 de junio de 2011

Dark Mood Day...

Día 2 de mayo. Nos levantamos con la idea de alquilar una bici para ir a conocer un poco la isla. Supongo que será por las pedazo de subidas y bajadas, pero de eso en Phangan no gastan… Así que olvidamos lo de pedalear y optamos por la opción fácil y libre de esfuerzo: una moto.
En la isla hay unas cuantas cascadas y, como estábamos interesados, preguntamos en recepción cuales son las mejores para no perder el tiempo dando vueltas sin sentido. Nos subimos en la Honda (conduciendo Anna) y, con mapa en mano, cogemos la carretera y nos disponemos a quemar el asfalto o, en su defecto, la tierra, que por desgracia es lo que más abunda…
Nos dirigimos a una serie de cascadas llamadas Than Sadet. De camino nos encontramos con la casa una pareja de lugareños que viven a pie de un camino que lleva a una cascada. Aunque que no es ninguna de las que buscamos, paramos a ver lo que hay y a picar algo; y es que esta gente vivía un poco también de venderle a los turistas refrescos, patatas fritas y cosas por el estilo.
Después de esta parada continuamos por el camino que hacía rato que dejaba mucho que desear. No sé como aguantó la moto tanto… Era como un camino de cabras, pero peor.
Bueno, el caso es que nos pasamos el cruce decisivo que nos tenía que llevar a estas cascadas. Nos dimos cuenta cuando llegábamos al siguiente cruce, vamos, lo que venía siendo hacia el final. Decidimos aprovechar y darnos un baño, aunque en la segunda playa que pisamos. Primero atravesamos un pueblo y llegamos a la playa Ao Thong Nai Pan Noi, donde contemplamos el paisaje y nos mojamos los pies. La segunda playa, a la derecha de la primera (aunque al haber una lengua de tierra de por medio había que coger la carretera para ir) era Ao Thong Nai Pan Yat.  Nos costó entrar porque casi toda es semi-privada, o puede que no, pero para llegar al agua hay que atravesar o algún hotel o meterte por algún camino entre uno y otro. Nosotros localizamos una entrada y nos metimos sin pensárnoslo demasiado. Esta zona está bastante aislada y no hay demasiada gente. Tanto mejor. Parece que tengas toda la playa para ti solo.
Estuvimos poco rato ya que queríamos ir a ver las cascadas y llegar a la otra playa. Cogimos la carretera de vuelta, esta vez atentos a los cruces, y llegamos donde estaba el que pasamos de largo. Como está casi todo de obras, al pasar por donde estaban haciendo una glorieta, pasamos por alto la carretera que salía desde un lateral. Nos metimos por allí y empezamos de nuevo con los caminos de piedras, baches, surcos en la tierra y casi ningún vehículo… Parecía que éramos los únicos locos que se atrevían a ir por esos sitios dejados de la mano de Dios.
Nos paramos un par de veces en un par de sitios señalados por carteles como puntos de interés. Al lado de dichos carteles suele haber un sendero que baja por entre la maleza y que va a dar al tramo del río donde hay una cascada digna de mención. En alguna había gente bañándose. Y la verdad es que con el calor que hacía, apetecía y mucho. Nosotros nos conformamos con meter los pies y refrescarnos un poco.
Continuamos hasta llegar a un cruce en el que hacia la derecha se llegaba a la playa y hacia la izquierda daba a un mirador. Como el camino de la izquierda no parecía estar muy transitable (al menos para nuestro pepino) dejamos la moto en un lado del camino y subimos andando. Hay que decir que estaba más lejos de lo decían los carteles… O eso o el calor nos estaba machacando vivos… Vaya goterones de sudor nos caían! Menos mal que siempre llevábamos una botella de agua encima, que si no…
Bueno, el caso es que logramos llegar enteros, y nos encontramos con un conjunto de bungalows bien ordenaditos en el valle que se formaba una vez llegabas arriba. Si lo que quieres es tranquilidad, este es tu sitio. Vimos un poco el panorama y nos dirigimos a la casa principal, que también era restaurante y recepción, a preguntar. Personas no se veía ninguna, pero en su defecto nos salieron dos perro a “saludarnos”. Entonces fue cuando salió una chica y le pregunté por el mirador. Nos dijo que había que se iba atravesando la terraza que pertenecía a la casa y nos invitó a entrar. El mirador en sí consistía en una roca enorme a la que se llegaba subiendo por dos escaleras de mano hechas con bambú. Todo bastante rústico, pero tenía su gracia. Las vistas que se ofrecían eran espectaculares. Tan espectaculares como las ganas de playa que teníamos.
Volvimos sobre nuestros pasos y llegamos al cruce con la incertidumbre de si la moto seguiría allí o no (cualquiera se fía…).  Seguía… Así que nos subimos y después de avanzar un poco llegamos a nuestro esperado destino.
Había un parking, y bongalows a derecha e izquierda. En el medio estaba el restaurante y la recepción, todo junto. Pensamos en comer allí mismo, en la terraza, mirando al mar. Nos hacía falta algo de relax después de toda la mañana y parte de la tarde encima de la moto y de aquí para allá. De postre nos pedimos unos batidos y nos fuimos a los asientos exteriores, pero antes le pregunté al camarero los precios de los alojamientos en esa pequeña cala. No sé cuanto valdrán los más caros, pero los precios empiezan en 500 Baht por los bungalows más bajos (bajos porque los otros están a nivel superior físicamente, hasta llegar arriba del monte), lo que viene a ser unos 12€. Me quedo con la copla para futuras visitas. La playita no estaba muy frecuentada, supongo que por su difícil acceso, así que es perfecta para relajarse un par de días.
Después de un par de baños decidimos volver al hotel. Nos queda un camino de vuelta bastante accidentado y no queremos que se nos haga demasiado tarde.
Por fin, después de unos cuantos socavones y botes en el asiento, llegamos al hotel. Nos vamos directos a la pedazo de piscina y nos quedamos en remojo hasta que empieza a oscurecer un poco. Entonces ya nos vamos a duchar para irnos a cenar por la zona más céntrica, si es que se puede llamar así.
A todo esto, pensamos que es mejor devolver la moto esa misma tarde y así quitarnos de problemas. Al dársela se pusieron tres o cuatro a buscarle arañazos como locos, pero no encontraron nada y nos pudimos ir con nuestros pasaportes tranquilamente.
Volviendo al tema de la cena, nos decidimos por el restaurante que hay justo enfrente del de la noche anterior. Un local bastante rústico, pero que tenía hasta wi-fi. Vamos, como aquí en España… Que como no sea un Starbucks…
Durante el día y ya sobre todo durante la cena, a Anna se le fue formando una idea en la cabeza y al final se decidió a llevarla a cabo. Ya que ayer, sin comerlo ni beberlo, me dio un pronto y me hice el tattoo; ella se quedó un poco con el gusanillo y se decidió a hacerse uno ella también. No tan aparatoso como el mío y bastante menos a la vista.
Fuimos dando un paseo al local del tatuador y antes de llegar ya nos salió a saludar la chica del día anterior, la dueña del bar de al lado. Llamó al artista y éste vino al momento. Anna barajó las opciones y finalmente, después de tener claro que sólo quería la inicial de su nombre en thai y de escoger el estilo de letra, se puso en manos del tatuador. No tardó nada. Una vez terminado intercambiamos direcciones con la chica de al lado y hay pendiente enviar por lo menos una postal. Y claro está, que en caso de volver, hay que pasar a verlos.
Bajamos la calle hasta la playa y nos tomamos un par de cervezas viendo unos espectáculos de fuego que hacían allí mismo. Nuestra idea era haber ido a la Black Moon Party, pero la verdad es que yo no las tenía todas conmigo. Para ser una zona de fiesta no había demasiada gente y no quería arriesgarme en ir al sitio donde se hacía la fiesta para encontrarnos allí prácticamente solos. Esto no tendría que haber sido ningún problema si la fiesta se hubiera celebrado donde se supone que tenía que ser: en la playa de al lado de nuestro hotel, pero no.
Me explico. Nosotros estamos alojados en una pequeña península situada al sudeste de la isla.  En esta península hay una playa a cada lado:  Haad Rin Nok, que es donde se hace la famosa Full Moon Party, y Haad Rin Nai.  Nuestro hotel está justo en medio.  La isla es conocida sobre todo por la fiesta de la luna llena, pero también se hacen fiestas en las otras fases lunares: cuarto creciente, cuarto menguante y la que pillamos nosotros, la de la luna nueva (Dark Moon Party). Se supone que esta fiesta se hacía en la Haad Rin Nai. Bueno, yo tenía entendido eso, pero estaba equivocado; y como yo, la que nos organizó los hoteles.  La tipa nos iba a coger el hotel cerca de la fiesta y al final ésta estaba en una playa situada a 5 kilómetros nada menos, en Baan Tai Beach.
Así que pasamos. Nos quedamos allí un rato más, más que nada por no irnos a la cama tan pronto, pero finalmente nos vamos. No hay más que rascar allí y tampoco se trata de perder el tiempo. Además, mucha fiesta tampoco iba a haber porque la policía suele desalojar la playa a las 2 de la mañana…

No hay comentarios:

Publicar un comentario