jueves, 28 de abril de 2011

de Excursión

25 de abril. Hoy tenemos la excursión de un día a Chiang Rai, White Temple, Triángulo de Oro, frontera con Myanmar y las mujeres jirafa. Nos esperan unos 540 kilómetros, según nuestro guía, Kun; un tipo bastante sencillo que nos sacaría de un apuro más adelante... La primera parada fue la del café. Fue en un sitio llamado Hot Springs, donde hay un chorro principal de agua caliente que sale del suelo y unos cuantos menores, donde cuecen huevos que luego venden a los turistas. Cuando volvemos a subir a la furgoneta nos dicen que lo próximo está a casi 2 horas, así que la gente se relaja y alguno hasta duerme. En mi caso adelanto faena con el blog... El White Temple sí que me sorprendió. Por fuera es blanco totalmente, unos cuantos edificios en línea, con un puente al principio, que continúa de una pasarela que atraviesa el infierno, que son un montón de manos saliendo del suelo. Se supone que si avanzas por el pasillo pasas el infierno y llegas al paraíso o algo así. Una vez dentro de la sala de oración ves lo más impactante. Aparte de ver el Buda de rigor, ves las pinturas de las paredes (aún por terminar los laterales) y ves que están pintados rollo cómic y manga, con Batman, Superman y hasta Doraemon por allí... Bueno, la verdad es que ya me había sorprendido al ver las esculturas que rodean los jardines y estanques y sobre todo, la de Predator saliendo del suelo... Muy original. Recomendable. Luego de otro rato de furgo llegamos al Triángulo de Oro; donde el río Mekong riega tres países: Myanmar, Laos y Tailandia. Y el nombre le viene porque en esta zona se plantaba y se comercializaba con el opio. Ahora se comercializa explotando el filón de tan negro pasado con los turistas... La verdad es que para nosotros, aparte de una curiosidad, tampoco nos impactó demasiado la visita. Durante la misma paseamos en barca por el río y vimos los hoteles-casino que hay en las orillas del río. Construidos por los chinos en suelo arrendado a Laos. En algo tienen que invertir toda la pasta que tienen... También entramos en una aldea de Laos sin necesidad de visado ni nada. Pagando 20 Baht por cabeza, todo arreglado. Donxao se llamaba la aldea, y no tenía mucho que ofrecer, aparte de un montón de tenderetes donde te venden de todo; hasta licores con bichos dentro. Mira, con esto sí que flipé, porque había con una serpiente, con un armadillo, lagartos,... Yo probé el que tenía escorpiones dentro. Era una basura... Deambulamos por el sitio aquel mientras niños descalzos nos pedían dinero, una de ellas llevando en brazos un crío de menos de un año. La necesidad que deben pasar estas familias para tener que poner a sus hijos a pedir de esta manera... Bueno, después del Triángulo nos fuimos a comer a un buffet y luego a la frontera con Myanmar. Al pueblo llamado Mae Sai. El resto de componentes del grupo sólo a hacer una foto en el punto más al norte de Tailandia; Anna y yo a sellar el pasaporte para alargar el visado unos días más, ya que con lo que nos pusieron al entrar por tierra desde Camboya (15 días) no nos llegaba para acabar el viaje. Si entras por aire el visado thai es de 30 días pero por tierra sólo son 15. Pues eso, nosotros nos fuimos con el guía a hacer los trámites. En la parte Thai ningún problema; sellamos la salida normalmente y fuimos a hacernos el visado en la oficina de Myanmar. Entonces fue donde la corrupción en estos países sale a relucir. El precio para el visado son $10 ó 500 Baht. Dado que con el cambio de moneda salen perdiendo si les pagas en dólares, al p. guardia ni pestañeo al decirme que el billete de $20 que le daba estaba marcado porque tenía una mancha de tinta en un lado y me lo devolvió... A cuadros te quedas... Ahí es donde entra nuestro guía, porque nosotros nos dejamos la mayoría de fondos en la habitación. Si no hubiera estado el no sé que hubiéramos hecho, pero menos mal que no lo tuvimos que averiguar... Nos dejó los 1000 Baht que nos hacían falta sin pensárselo. Un crack. Solventado el problema en inmigración volvimos a Tailandia y sellamos la entrada. El visado ahora nos expira el día después de volver a casa. La última parte del viaje era la visita a la aldea de las mujeres jirafa. Una especie de calle con una plazoleta al final donde exponen la mercancía que supuestamente fabrican allí junto a ellas mismas, ya que toda la gente va a hacerse la foto con ellas. Si compras o no ya es otra cosa. En nuestro caso hicimos las dos cosas. Y aquí concluyó la excursión, al menos las visitas, porque todavía nos quedaban por lo menos 4 horas de carretera. Y con la batería del iPod temblando... Una vez en el hotel y saldadas las cuentas con Kun, nos fuimos a rondar por las calles para buscar algún sitio para cenar y relajarnos después de un día tan largo...

Chiang Mai

24 de abril. Madrugón. Bajamos y, para nuestra sorpresa, hay más gente levantada. Desayunamos y nos vamos al metro, que conecta con el expreso que nos lleva directamente al aeropuerto. Todo se desarrolla sin complicaciones y llegamos a Chiang Mai a la hora prevista. Tan puntuales que nuestro pick-up llegó tarde. Llegamos al hotel y hacemos el check-in y para hacer tiempo la recepcionista nos ofrece un chófer que nos lleve a ver un par de templos importantes. Uno está en la montaña y otro más normalito, pero fuera del área del canal que rodea parte vieja de la ciudad. Al primero, en la montaña, está al oeste y para llegar hay que pasar delante de la Universidad y el Zoo. Está en el Parque Nacional del Doi Suthep-Pui, en la cima del Doi Suthep, y es el Wat Phra That Doi Suthep. Lo que es el templo en sí no es que sea gran cosa después de lo que llevamos visto, pero vale la pena subir por las escaleras que llevan a él y sacar unas instantáneas de la ciudad de Chiang Mai desde 1.676 metros de altura. Un inciso: el Parque Nacional engloba los dos picos sagrados de la ciudad, el Doi Suthep y el Doi Pui (de 1.685 metros). Aquí en la parte norte del país se encuentran también los Lannas (que significa "millones de campos de arroz"), una cultura bastante antigua proveniente de China y que se asentó en esta zona. La verdad es que nota, tanto en la fisionomía como en la ropa. Además de que comercian bastante con la vestimenta típica. También tienen su propia lengua, por lo que se pueden ver carteles con dos escrituras diferentes. El otro templo que visitamos fue el Wat Suan Dok. También al oeste de la ciudad vieja. Hay un chedi blanco enorme y unos cuantos pequeños que contienen reliquias. Dentro de la sala de oración hay unos Budas dorados bastante grandes. Al fondo del chedi se pueden ver las montañas de la ciudad, lo que le da un aspecto muy interesante. Este templo, al parecer, es conocido por sus charlas con los monjes. Yo sólo hice fotos... Al volver al hotel, visitamos un templo que tenemos justo pegado a la pared, el Wat Phan Tao. A los 15 minutos ya estábamos en la habitación descargando la mochila. Volvimos a bajar para comer algo mientras acababan de montas los puestos del Sunday Market, un mercadillo inmenso que cruza todo el centro antiguo. Y es que resulta que nuestro hotel, el Parasol Inn está en el mismo centro (pero centro centro) de la ciudad antigua, donde se cruzan las dos calles centrales del mercadillo. Cogimos un par de platos, uno de fideos y otro de arroz de un puesto y nos dimos una vuelta por los puestos. Luego, antes de seguir, subimos a ducharnos y bajé a hacerme un masaje en los pies. Ahora sí que estaba listo para patear... Había cientos de tenderetes y yo diría que miles de personas. Se creaban embudos por todas partes. Pero conseguimos hacer unas cuantas compras interesantes y nos fuimos a dormir contentos... y no muy tarde, que el día siguiente prometía ser una paliza pa'l body.

Tormentón

23 de abril. Nada más levantarnos y desayunar fuimos a cambiar dinero a la estación. Fuimos a la agencia a recoger el itinerario y volvimos andando hacia Chinatown. Decidimos ir a ver el Palacio Imperial, ya que el día anterior no fue posible, y para ello pensamos en coger el ferry que nos dejaba justo al lado. Hay que tener cuidado, en las entradas, o por lo menos en una de ellas, hay gente que te dice que no puedes entrar con tirantes o pantalón corto por encima de la rodilla, para que les compres a ellos pañuelos o lo que a ellos se les antoje. No hace falta. Cuando vas a entrar a ver al Buda ya dejan un pañuelo o dos. El recinto del Palacio es muy grande. Muchos templos por todas partes y un mural impresionante en las paredes que rodean al principal. Había más de un sitio en el que no se podía entrar, así que no tardamos mucho en acabar. Tanto mejor, porque hacía un sol impresionante y cuando tocaba ir de un sitio a otro y no había sombra era bastante jodido. Salimos y nos fuimos dirección al muelle para coger el transbordador que nos cambiase de orilla para ir a ver el Wat Arun. Hay otra estafa que hacen, y nos la intentaron hacer. cuando fuimos a pagar para cruzar nos vino una mujer a decirnos que estaba cerrado. ¿Para qué te dicen esto? Para que contrates una excursión con ellos y te soplen la pasta. Para variar, pasamos de su cara. Le pregunté a la taquillera y cruzamos. Cuando llegamos a la otra orilla nos dimos cuenta de que nos había dejado un poco alejado de donde íbamos nosotros, pero tampoco mucho. Había otro templo, pero uno de tantos. Salimos a la calle principal y caminamos hacia el sur tranquilamente. El paseo valió la pena. El Wat Arun consta de cinco torres (supongo que la típica formación del loto) y está totalmente recubierto de trozos de porcelana. Además puedes subir arriba por unas escaleras súper empinadas y hay unas vistas de Bangkok espectaculares. Esto nos dio la visión de unos nubarrones negros con aspecto bastante amenazador que se aproximaban por detrás del Palacio Imperial. Nos fuimos con la idea de cruzar el río de nuevo, ir a comer algo al mercadillo y coger el ferry de vuelta a casa. Lo que conseguimos fue cruzar y quedarnos a mitad de camino del mismo, ya que se empezó a levantar el aire y a escucharse truenos, de golpe se puso a llover a saco, con rachas de viento fuerte... Nosotros nos metimos en una cabina para protegernos, pero con el viento tampoco lo conseguimos totalmente. Cuando paró un poco y salimos resultó que había una terraza cubierta a 5 metros a la izquierda... Para morirse, vamos... Y yo que estuve un rato diciendo que fuésemos en esa dirección para resguardarnos debajo de los árboles. Cuando paró del todo de llover nos acercamos a una caseta de información turística que hay allí al lado a preguntar qué autobús nos podía dejar cerca de nuestro alojamiento. Nos dijo un par de números y cogimos uno de ellos, que nos dejó al ladito por 13 Baht. Cuando llegamos al hostel, pagamos, recogimos la colada que les habíamos encargado y nos fuimos a duchar. Luego cogimos el metro para volver a Patpong para hacer algunas compras. Otro lujo de estar hospedado al lado del metro...
Consejo para Patpong: hay que regatear a saco, porque este mercado tiene los precios más altos; pero regatea si vas a comprar... Aunque a veces hasta se regatean ellos mismos. A mi me dieron un precio inicial de 2100 Baht sin preguntar y cuando seguía andando sin hacerles caso me lo bajaron a 800... Con lo que ellos mismos se dejan en evidencia del precio abultado que tiene su mercancía. Lo dicho. a saco.
Después de gastar unos cuantos Baht y ver que empezaba a llover de nuevo, volvimos al metro. Llegamos a la guest house y nos pusimos a hacer las maletas. A la mañana siguiente cogeríamos el avión que nos llevaría a Chiang Mai.

Regreso a Bangkok

22 de abril. A las 7 de la mañana, después de un viaje en tuk-tuk, nos encontramos esperando el tren. Llega tarde (cómo no) pero llega. Y nos pegamos otras 2 horas de viaje durante, entre otras cosas, miro posibles hostales en los que alojarnos en la Lonely Planet.
Nada más llegar vamos a ver uno de los que he visto, por el barrio chino y, por lo tanto, cerca de la estación de tren y metro de Hua Lampong; cosa que nos facilitará el transporte hacia el aeropuerto. Nuestra primera opción está al completo y decidimos quedarnos en el de enfrente, que no tiene muy mala pinta al fin y al cabo.
Descargamos y nos vamos a hacer una ruta a pie por Chinatown que viene indicada en la Lonely. Sólo llegamos a hacer la primera parada, un templo con un Buda de oro bastante grande, aunque no el que más... Nada más salir y girar la primera esquina, nos encontramos con un hombre que trabaja para el T.A.T., la agencia estatal de turismo. Hablamos con él un rato y nos indica otras cosas que ver para ahorrarnos el paseo con el calor que hacía. Nos dice también que deberíamos mirar ya el alojamiento en Chiang Mai y que en la oficina oficial podrían darnos buenos precios. Nos subimos a un tuk-tuk, también oficial, que nos llevará a cuatro sitios por 4 duros.
Primero vamos a la agencia y explicándole nuestro itinerario nos ofrece un paquete bastante apetecible. Negociando un poco y pensando en la otra opción (la de seguir buscándonos la vida tanto con los hoteles como con los transportes de conexión) decidimos aceptar. Aunque seguro que hubiéramos encontrado cosas más baratas, lo de olvidarte de pensar en cómo vas a llegar al aeropuerto o a las islas, lo compensa. Y tenemos muchas conexiones por delante... Ah, los hoteles que nos han buscado superan cualquiera de los hasta ahora visitados, al menos en foto. Ya se verá.
Después de dejar a la chica de la agencia nos vamos a hacer las visitas que nos aconsejaron y llegamos a la primera: el Lucky Budda, un Buda tumbado dorado con incrustaciones de diamantes, rubíes y zafiros, entre otras piedras preciosas. Esto nos lo explica el vigilante del lugar, un tío súper simpático al que nos habríamos llevado con nosotros para amenizarnos la excursión. Nos contó lo que se hacía en el templo y como funcionaba. Al decirle que luego íbamos a la Thai Factory (donde venden piedras del país) nos explicó el significado del zafiro (poder, para el hombre) y el rubí (fuerza, para la mujer) y cosas por el estilo. Todo esto haciendo coña y sin parar de reír. Muy bueno. Después de la Thai Factory fuimos al templo en la cima del Monte Dorado (The Golden Mount), donde no hay gran cosa pero tiene unas vistas de Bangkok formidables.

Panorámica de Bangkok desde la cima del Golden Mount
Al bajar nos llevamos una sorpresa, y no precisamente buena. Nuestro conductor se había ido, según nos dijo la mujer del puesto de bebidas, a la central; y nos había dejado a otro para acabar. Y estas son las movidas que te tocan las narices, porque este otro nos llevó de ruta de tiendas de trajes para que le dieran gasolina. Lo que teníamos que hacer era entrar y estar un rato haciendo el papelón de que queríamos comprar un traje. Bueno, al final conseguimos llegar a la última parada, el Wat Pho. Le dimos lo pactado al tío del tuk-tuk y entramos. Es bastante guapo. Está al lado del Palacio Imperial y dentro del recinto hay bastantes templos que visitar. Hay una especie de estanque donde metí los pies para refrescarme. En estas estaba cuando mis pantorrillas llenas de picadas de mosquito llamaron la atención de una pareja de españoles que había allí sentados también. Nos pusimos a hablar u resulta que se iban al día siguiente a Siem Reap, al Babel. Vaya casualidad. Les explicamos un poco como funcionaba la cosa para que no se dejaran enredar y nos fuimos a terminar la visita y a ver si podíamos ir también a ver el Palacio. No pudo ser. Cierra a las 15.30 y ya eran las 4 y pico. Seguimos el mismo camino y nos encontramos un mercadillo. Como igualmente habíamos decidido coger el ferry, teníamos que atravesarlo. Comimos algo probando de un puesto y de otro y llegamos al muelle. Nos esperamos un rato y nos subimos para bajarnos en Chinatown. Al bajar del barco hay que atravesar unas callejuelas y luego un par de calles y llegas justo a la acera de enfrente de Hua Lampong. Va de muerte para ahorrarte un taxi o tuk-tuk. Nos fuimos a la habitación a asearnos un poco y bajamos a dar una vuelta por Chinatown, a ver el mercadillo que nos habían dicho que montaban. Resulta que se lía bastante en la calle, pero sobre todo con comida. Hay puestos para aburrir y más gente todavía. Muchísimos carteles iluminados con caracteres chinos (obvio) que hacen que casi parezca que estás en Las Vegas. Vale la pena una visita de noche. Compré una brocheta y nos dimos la vuelta, nos metimos en una callejuela y dimos a la paralela. Cuando volvíamos a la principal nos encontramos con la pareja de andaluces afincados en Inglaterra. Nos sentamos con ellos mientras acababan de cenar y decidimos ir a dar una vuelta juntos. Pensamos en el mercado nocturno pero no recordaba donde estaba. Hasta que se me iluminó la bombilla: Patpong, donde las lumis... Intentamos entendernos con los vecinos de mesa para ver como ir, pero no hubo manera. Lo único que eran capaces de decir era one y señalar hacia la calle. En definitiva, no nos quedó otra que coger un tuk-tuk, que gracias a Jonie nos salió casi regalado. Una vez allí lo único que ves son puestos de venta de cualquier cosa, tuk-tuks ofreciéndose y luces y más luces. Cruzamos la calle y empezamos a adentrarnos por los tenderetes. Entonces es cuando también nos empezaron a ofrecer ping-pong shows. Si hubiéramos ido solos ni hubiera pensado en entrar, pero como estábamos los cuatro, por curiosidad, nos dejamos enredar. Y sí, fue una puta enredada... Para empezar las mujeres no valían un duro y daban un poco de asco. Nada más sentarme ya quería irme. La verdad es que no nos acabamos ni la cerveza, pero cuando fuimos a pagar es cuando la madame, o lo que fuera aquella cosa, nos intentó colar una cuenta que no tenía nada que ver con lo que nos habían dicho. Hasta nos gritaba, la muy z..... Al final, para no liarla llegamos a un acuerdo. Pero nos quedamos con una cara de pringaos y una mala leche impresionantes... Moraleja: PASAD DE LOS PING-PONG SHOWS!!! Pues después de la experiencia no nos quedaron ganas más que para sentarnos a relajarnos la rabia en la calle. Estuvimos hablando un rato y nos fuimos a buscar un taxi que nos llevara a "casa". Una vez en nuestro barrio nos despedimos y nos deseamos unas buenas vacaciones. Y a dormirla...

lunes, 25 de abril de 2011

Ayutthaya

21 de abril. Pues sí, viendo las combinaciones de que disponíamos y de las que muy amablemente nos informaron en recepción, nos decantamos por Ayutthaya. Seguimos las indicaciones de la chica y cogimos un taxi hasta la estación central de tren de Hua Lampong, cerca de Chinatown. Fuimos a comprar los tickets y nos metimos en el tren, que saldría en breve. La estación es un mundo, gente de todas las nacionalidades por aquí y por allá, sentadas o tiradas por el suelo de la gran sala de espera haciendo tiempo para la salida de su tren; puestos de comida por todas partes, y, lo que más nos impactó: gente cortándose el pelo a los pies de la vía, en los mismos andenes, como si de una peluquería se tratara y como si fuera lo más normal del mundo...
Salimos y, después de no sé cuantas paradas y de un par de horas de trayecto, llegamos. Fuera de la estación había multitud de tuk-tuks y taxis dispuestos a llevarte a destino. Pasamos de ellos y nos dirigimos al transbordador que cruza de orilla a orilla el canal que rodea la ciudad. Ya el otro lado y antes de llegar a la calle principal nos abordó una chica para ofrecernos alojamiento. Como no tenemos muchas manías aceptamos y fuimos a verlo. Después de ver la habitación y teniendo en cuenta nuestras necesidades, nos quedamos allí. Total, a la mañana siguiente íbamos a volver a Bangkok... Dejamos las cosas en la habitación y bajamos a hacer el check-in y a informarnos para alquilar unas bicis. Acabamos comprando un viaje por el canal para ver tres templos a las 4 de la tarde. En esos momentos debían ser la 1, así que todavía teníamos tiempo para sudar un "poco" haciendo una ruta a pedales. Por 80 Baht (menos de 2€) las alquilamos y, guiándonos por un mapa que nos dio la recepcionista, comenzamos a pedalear. Conducir lo que sea en Tailandia es, cuanto menos, caótico y, cuanto más, acojonante...
Voy a hacer un pequeño resumen de los templos que vimos, porque más o menos tienen la misma estructura. Estos son:
1. Wat Ratburana.
2. Wat Phra Mahathat, el famoso por la cabeza del Buda esculpida entre las raíces de un árbol.

3. Parque Histórico d Ayutthaya, sólo rodearlo.
4. Wat Phra Ram.
5. Wihaan Mongkhon Bophit, un templo budista donde estaban un grupo de monjes rezando con niños monjes. Parecía una excursión del cole.
6. Wat Phra Si Sanphet, desde fuera.
7. Wat Chetharam, y
8. Wat Lokaya Sutha, con un Buda tumbado bastante grande.
Volvimos al hostal para dejar las bicis y esperamos a que no viniera a recoger una ranchera que nos llevara al muelle para coger la barca de quilla larga que nos haría la ruta por el canal. Con la barca visitamos:
1. Wat Phutthaisawan, templo budista bastante llamativo con un Buda gigantesco en su interior.
2. Wat Kasatrathirat, un conjunto de construcciones con un buda tumbado como atracción principal, y
3. Wat Chai Wattanaram, imponente prang central y con una bonita puesta de sol que fotografiar.
Un buen paseo para pasar la tarde, la verdad. Y para acabar, en el muelle donde nos dejó la barca, un mercadillo. Cenamos algo, bebimos algo antes, y gastamos unos Baht en alguna camiseta. Para variar, estábamos reventados, pero nos fuimos dando un paseo al hostel, que estaba relativamente cerca (dependiendo de lo perro que seas...) Por el camino decidimos que al día siguiente cogeríamos el tren de las 7.12 hacia Bangkok. Como no íbamos a tener mucho tiempo para desayunar, compramos algo de comer en un 7eleven y, como no fuimos capaces de encontrar un sitio que nos vendiera una esponja, acabamos por resignarnos y compramos un espontex con salva uñas... Algo es algo, no?
Hicimos algo de tiempo en la terracita del hostel y nos fuimos a duchar y a dormir. Al día siguiente a las 6 en pie... Ufff

Hot border

20 de abril. Llegó el día de Despedirse de Camboya. Mientras desayunábamos vino nuestro taxista, pero le hicimos esperar un rato largo, ya que nos fuimos en busca de un cajero que no nos tuviera manía. Después de sudar un poco lo conseguimos y volvimos. Hicimos el check-out y nos fuimos dirección a la frontera. Cuando llegamos casi 3 horas después hacía un calor insoportable y nos fuimos a pasar el control de pasaportes camboyano, bastante simple. Lo que no fue tan sencillo fue el de los thais... Casi 2 horas estuvimos haciendo cola. La mayor parte, bajo un sol abrasador que te hacía sentir como en una sauna al aire libre. Conseguimos sobrevivir. Una vez en el otro lado andamos para ver las posibilidades de transporte. Estaba la opción de volver con el mismo bus que nos trajo, pero no lo veía muy claro. Las dudas se nos despejaron cuando nos encontramos a Kirsten y nos dijo que ella iba en una minivan que le había salido por cuatro duros. Fuimos con ella, nos acoplaron en una furgoneta y en menos de un cuarto de hora ya estábamos de camino a Bangkok. 4 horas después llegamos a Khao San Rd, la calle de los mochileros de Bangkok y nos dispusimos a buscar el muelle desde donde salen los ferrys que hacen de buses fluviales por el río que atraviesa la ciudad. Estábamos buscando por un parque al lado del agua cuando nos encontramos a un grupo de mujeres haciendo aeróbic delante de un monitor y bailando al ritmo del aserejé, versión thai, supongo, porque español no era... Nada más llegar al muelle un señor nos ayudó a ver como funcionaba todo. Ciertamente, en este país hay gente muy muy amable, que compensa con creces a los que te quieren tomar el pelo. El ferry es, para mi, el mejor transporte para cruzar la ciudad de norte a sur y viceversa. Como mucho son 14 Baht por trayecto. Y por el mismo precio ves la ciudad desde el río, y de noche, iluminada, es muy bonita. Además también hay transbordadores que te cruzan de orilla por 3 Baht. La chica que cobraba, muy amable, me indicó cuando nos teníamos que bajar. Y fue salir a la Soi 32 (creo que se les llama sois a las calles que dan al río) y nos encontró un taxista que se ofreció a llevarnos. Menos mal, porque estaba a dos calles de donde estábamos. Nuestro hostal era el New Road Guest House, en la zona de la orilla del río, pegado a los barrios de Silom y Pathom. Está bien, tampoco está muy apartado de todo, aunque hay zonas más céntricas, claro. Nosotros sólo lo necesitábamos de parada, así que nos daba igual. El día siguiente teníamos pensado ir o bien a Kanchanaburi y el Parque Nacional de Erawan o bien a Ayutthaya, la antigua capital del Reino de Siam, dependiendo de las combinaciones. Después del check-in y de dejar las cosas en la caja de cerillas que nos tocó de habitación, bajamos a cenar. Muy bueno todo y muy muy barato. Después del palizón de día volvimos a la habitación, nos duchamos y no tardamos demasiado en caer dormidos... Zzzzzz

Wats y más Wats

19 de abril. Nuestro último día en Siem Reap. Después de desayunar nos vamos con nuestro nuevo chófer a hacer la ruta por Angkor. Nos deja en la ventanillas donde se compran los tickets (de 1, 3 o 7 días) y una vez en nuestras manos nos acompaña a un mapa y nos dice que si queremos podemos ir a ver un templo que hay más lejos, pero que nos costará $10 más. Aceptamos. Para una vez que estamos allí... Además no es mucho si se tiene en cuenta que el templo en cuestión está a 32 kms. Empezamos a tirar para allá (hay más o menos 1 hora de camino) pero paramos en uno de tantos templos que vienen de paso. En este caso el templo se llama Pre Rup y es una pirámide con cuatro torres en la parte de arriba, una en cada esquina, más una mayor en el centro, simbolizando en su conjunto la flor de loto. Después de unas cuantas fotos y de sortear a los vendedores ambulantes que no paran de perseguirte, seguimos. Esta vez sin parar hasta el templo más lejano. Este templo, situado al norte, se llama Banteay Srei. Es diferente a los demás en el color y en la finura de los grabados. La piedra de la que está construido es roja y se dice que lo hicieron mujeres por el detalle de los dibujos. Dicen que es imposible que lo hicieran las vastas manos de los hombres. Bueno, en definitiva, está bien verlo porque es diferente, pero no es el mejor de los que vimos. Ah, también decir que nos pilló un poco de lluvia, así que no nos entretuvimos demasiado. Volvimos con el tuk-tuk por donde habíamos venido y paramos en uno de los templos al que le tenía más ganas: Ta Prohm. Muy impactante. La selva se ha ido adueñando de la estructura y las raíces de los árboles se desbordan por encima de las paredes. Árboles raros, porque su corteza parece de oro; tanto que creía que estaban pintados. En este Wat se filmó la película Tomb Raider y merece mucho la pena darse una vuelta por él. Nuestra siguiente parada fue Angkor Thom, un recinto bastante grande con diferentes construcciones. Nosotros entramos por la puerta este, la Victory Gate y nos dejó en la parte central de todo el complejo, así que, gracias a la guía pequeña de la Lonely, nos hicimos una pequeña ruta. Nos adentramos hacia el oeste y subimos hacia unas piscinas, seguimos y después de que nos atosigaran un poco los vendedores volvimos a bajar y fuimos a la pirámide llamada Phimeanakas (parece griego). Subimos, fotos, bajamos, y continuamos bajando hacia Baphuon, que estaba cerrado. Nos conformamos con algunas fotos exteriores desde la entrada principal y el pasillo que lleva a la misma. Y fuimos a por el último de los templos de Angkor Thom y, a mi parecer, el mejor. En todas sus torres hay esculpidas caras enormes. Bueno, ya pondré una foto para que se vea bien. Al acabar fuimos a buscar al "driver" para que nos llevara a la última visita de la tarde: Angkor Wat, que da nombre a todo el complejo. Una maravilla. De hecho, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Lo malo es que está de restauración y hay un andamio enorme en medio de la parte delantera, que aunque desluce un poco no impide que impresione. Después de aquí volvimos directamente a Babel. Eran casi las 6 de la tarde y habíamos quedado a las 7 para cenar en la guest house de al lado con Eric. Dicha guest house lo dirigen un matrimonio de jubilados venido de Francia, donde él es francés y ella una camboyana que huyó cuando la guerra. Allí regentaban un restaurante en el sur, no recuerdo el nombre, pero se ve que salía en la Guía Michelín. Decidieron volver porque los estaban friendo a impuestos y ella tenía ganas de volver a su país. La verdad es que está bastante desilusionada. Sus antiguos amigos, con su misma ideología en el momento en el que ella tuvo que huir, que se quedaron aquí y lograron sobrevivir a la masacre, ahora trabajan en la capital y son tan corruptos como sus antecesores; así que la cosa ha cambiado algo, pero todavía queda mucho camino por recorrer. En definitiva, está demoralizada y no el futuro muy claro. Bueno, pues cenamos con su marido y dos chicas más hospedadas allí; una madrileña, Elena, que se ha tomado unos meses sabáticos, y una alemana, Kirsten, más de lo mismo, pero que volvía a su país en dos días para abrir un café en una ciudad del norte. Será cuestión de hacerle una visita... Y nada, después de una cena de 5 tenedores, Anna y yo nos fuimos al centro a sacar dinero, que estábamos sin blanca. Bueno, a intentarlo, porque yo no recordaba bien el número secreto y ella ni siquiera cogió su tarjeta. Lo único que sacamos del paseo fue un susto de Anna cuando al salir del cajero se vio rodeada de unas ranas de aspecto, al parecer, bastante feroz... Gritó, se me enganchó del brazo que tenía quemado, grité yo y vino un tuk-tuk a decirnos que si necesitábamos algo: desde un viaje a un poquito de coca... Se ve que el "no" nuestro no lo entienden muy bien porque nos acompañó media calle y no había manera de que se fuera. Al final desistió, por suerte... Con los bolsillos vacíos de cash y con un susto volvimos al hostel, nos conectamos un rato y encargamos un taxi para que el día siguiente nos llevara a la frontera con Tailandia.

viernes, 22 de abril de 2011

Tonle Sap

18 de abril. Un sueño reparador es lo que nos hacía falta. Tanto, tanto, que nos levantamos demasiado tarde para ir a ver Anghkor Wat y todos los demás templos... Nuestro primer pensamiento era coger una bici e ir a Anghkor, pero dado el día tan caluroso que se preveía, decidimos usar un tuk-tuk. Llamé al chico que nos llevó el día anterior al hostel, pero me decía una voz femenina al otro lado de la línea que no existía tal número. Luego descubrí que el fallo era de mi móvil, que no funcionaba en Camboya, no me preguntéis el porqué. Simplemente lo apagué. Por suerte dio la casualidad (o no) de que había un tuk-tuk driver en el bar del hostel, así que nos fuimos con él. Y puedo decir que fue una buena elección, era un tío muy majo. Lástima que ese mismo día le surgiera algún problema en casa y tuviera que irse y dejarnos a cargo de un amigo suyo, que finalmente fue quien nos acompañó el día siguiente de ruta por los templos. Así pues, después de comentarle a N-Jin (me invento la escritura) nuestros planes, nos dijo que mejor posponer Anghkor e ir a ver el lago, Tonle Sap, ese primer día. Nos subimos y cogimos la carretera. Entonces es cuando te das cuenta verdaderamente de la miseria que hay en este país. La mayoría, chabolas en las riveras del río o en los polvorientos arcenes de la carretera. La mayoría con puestos en la entrada para comerciar con lo que pueden. Algo que me llamó la atención fue que en muchos de estos puestos había expuestas botellas reutilizadas con un líquido amarillento, y que yo supuse que era algún tipo de licor casero o algo por el estilo. Pues no, luego descubrí que era gasolina, ya preparada en dosis de 1 litro, para las motos y tuk-tuks varios. Curioso, la verdad, ver una botella de Fanta de los años 80 reciclada de esta manera. Supongo que con la cantidad de transporte motorizado de 2 ruedas que abunda en este país, es algo bastante práctico. Después de tragar un poco de polvo y algún agujerito en la calzada que se le escapó a nuestro chófer, pasamos por un campo bastante grande dedicado a la plantación de flores de loto. Lo que yo no sabía era que, además de adornar los santuarios budistas, se utilizaba como alimento. En concreto las semillas, que están dentro de una especie de capullo, de donde se sacan y, posteriormente, se pelan para comer el interior. Una especie de pipas de girasol y que están bastante sabrosas. Puedo opinar al respecto porque nuestro guía nos acompañó en una visita a una caseta donde estaban desmontando estos capullos y nos invitó a probarlos, pagándolos él mismo de su bolsillo. Dimos un pequeño paseo por la plantación (lo que el sol nos permitió) y seguimos hacia el lago. En un momento llegamos al embarcadero desde donde salen los barcos que hacen las visitas guiadas. Allí había una grúa con bastantes zonas oxidadas medio metida en el agua desde donde niños desnudos (bastante habitual) se tiraban al agua y jugaban. Algo que le trajo recuerdos a N-Jin, que nos contó que él lo solía hacer desde un árbol... Que pocas preocupaciones de niño, verdad? Después de pagar $20 y quedar con el compi en la otra parte, empezamos la visita. Nos acompañó un chico, natural de la aldea flotante del lago, que hacía las veces de guía por una pequeña propina. Una de las cosas que nos explicó es que estábamos en el mes más caluroso (algo que ya nos dijo N-Jin antes) y que era la época seca, así que el río, como mucho, tiene 1 metro de profundidad, y que en la húmeda sube a entre 8 y 10 metros. Este hecho hace que haya 5 kilómetros del embarcadero al lago y que tengamos que ir basta te despacio. También está el peligro de varar, cosa que le había pasado a un barco de más calado que el nuestro un poco antes de llegar al lago. Nos habló también de la pobreza de la zona, que se dedica a la pesca, claro, y que por leyes del gobierno tienen un poco vetada la pesca. Además de la creciente venida de inmigrantes vietnamitas, cosa que, según me pareció, no le hacía mucha gracia. Supongo que por los problemas que ya tienen de por sí para subsistir. Las prohibiciones las solventan teniendo una granja de peces debajo de cada casa. Nos enseña también el sistema de anclaje de las casas. Unos troncos cruzados y clavados al fondo. Pasamos por delante de algunas de estas casas. Unas más grandes, otras con el espacio justo para dormir y tener un sitio donde calentar la comida. La verdad es que impacta ver las condiciones de vida que tienen estas personas... El chico nos explica que hay bastantes muertes en el lago. Lo que no llegué a entender es si por ahogamiento, aunque supongo que será la causa más posible. Nos comenta que nos va a llevar al colegio de la aldea flotante, donde hay muchos niños huérfanos, pero que antes hay que pasar por una tienda para comprarles comida o lápices o libretas... o lo que sea, para entregárselas al maestro y así poder estar un rato con ellos. ¿Qué decir? Que si pudieras te llevarías a un crío de estos a casa. Te pedían que los cogieras, se ponían a hacer poses, jugaban contigo... Hasta le dejé mi cámara a uno para probar a hacer fotos, y por la cara que ponía no creo que hubiese cogido muchas otras antes. En resumen, una muy buena experiencia. Tanto que nos tuvo que venir a buscar el guía... Por último nos llevó a una granja de peces, donde había un montón de peces gato en una piscina y unos cuantos cocodrilos en otro agujero. Subimos a la parte más alta e hicimos alguna foto panorámica, lo justo antes de empezar a achicharrarnos, ya que caía un solano impresionante. Dimos una vuelta por la tienda de souvenirs montada allí mismo y nos subimos en el barco de nuevo para volver a donde nos esperaba nuestro tuk-tuk driver... N-Jin nos preguntó que qué queríamos hacer entonces y le dijimos que nos llevara a comer a algún sitio de comida camboyana. Una vez en el sitio, una terraza medio tropical bastante guapa, le dijimos que si quería comer con nosotros, a lo que insistió en negarse. Al menos aceptó un refresco... Fue entonces cuando recibió una llamada y nos dijo que se tenía que ir por algún problema en casa y que vendría un amigo suyo a devolvernos al hotel. Se fue, comimos, y nos llevaron al hostel. Una vez allí, subimos, nos refrescamos un poco y nos fuimos a ver Siem Reap andando. Eran las 3 y pico y tengo que decir que se nos fue la olla... Aunque lo debimos sospechar cuando los lugareños, al ofrecernos tuk-tuks y negarnos, nos miraban con una cara bastante expresiva... Bueno, sobrevivimos... Sudamos lo nuestro, pero aquí estamos. En nuestro paseo al centro vimos un monasterio con la historia de buda pintada en las paredes del muro que lo rodeaba y un par de budas dentro, uno sentado y el otro tumbado. Continuamos y llegamos al centro: un montón de locales dedicados a uso y disfrute turístico. Al lado había un mercado local, con puestos también para turistas, pero donde un gran número de tiendas eran de alimentación y ropa para los locales. En definitiva, una experiencia para los sentidos, sobre todo el olfato... Después de mirar unos cuadros y decir que los compraríamos al día siguiente, fuimos a que yo probara una cosa: el Dr. Fish. O lo que es lo mismo, meter los pies en un acuario lleno de peces hambrientos de pieles muertas. Y sí, al principio impacta, y además hace unas cosquillas insoportables; tienes a un enjambre de pececillos comiendo de ti, es normal. Y lo que tengo que decir es que funciona. Además de relajarme, me dejaron unos pies como nunca antes. Lo repetiré. Además Anna también se lo pasó bien, no paraba de reírse de mis muecas y movimientos. Y no era para menos, tenía que concentrarme para no sacar los pies de golpe... Para acabar de relajarnos nos sentamos en una terraza para relajarnos con una cervecita y un daiquiri en la mano, que nos lo merecíamos. Y volvimos al hotel, nos encontramos con Eric y quedamos para cenar después. Nos contamos las aventuras del día y nos fuimos a dormir. Al día siguiente habíamos quedado a las 8:30 con el nuevo tuk-tuk...

jueves, 21 de abril de 2011

El comienzo...

17 de abril. 36 horas separan nuestra salida del hogar de la llegada al guesthouse elegido como hogar "postizo" en Siem Reap, Camboya... El hostal se llama Babel Guesthouse y está regentado por Davide, italiano que habla un perfecto español y que nos ha ayudado alguna que otra vez antes y después de llegar allí. La odisea hasta Siem Reap se divide en un vuelo Barcelona-Qatar de unas 6 horas, la transición n Qatar de menos de 2, el vuelo Qatar-Bangkok de otras 6 horitas, sky-train del aeropuerto al centro y del centro a la parada Mo Chit, donde se coge un bus, una moto-taxi o taxi (en nuestro caso, y después de sudar la gota gorda dando vueltas, el taxi)para ir a la estación del Norte Mo Chit, donde se coge el bus estatal hacia AranyaPrathet (otras 4 horas), allí coges un tuk-tuk que te deja justo en la frontera; no sin antes intentar colártela para que saques el visado en un chiringuito de unos amigos suyos, y donde sobrecargan el coste del mismo. Lo que tienes que hacer es negarte muy respetuosa y sonrientemente diciéndole que lo vas a sacar en la oficina dedicado a ello y que está más adelante. No es que allí no te estafen, vale? Porque el oficial allí te pide una "comisión", por llamarlo de alguna manera, pero tampoco es mucho y no te toman por tonto como los otros. Simplemente tragas y pagas si quieres entrar. Bueno, una vez tienes visado, pasas por la oficina donde rellenas un papel y te sellan la entrada. Lo que nos pasó a nosotros es que se nos acopló un tío que iba de simpático y que te iba ayudando un poco... Y ya piensas: "raro, este quiere algo...". Y sí. Lo primero es llevarte a las tiendas de sus colegas para que les compres lo que sea, después te meten en un bus que te lleva a otro sitio a coger otro bus que te lleve a Siem Reap. No sin antes comerte la cabeza para que compres moneda camboyana, diciéndote que si el cambio es bueno y tal y tal. Total, ni puto caso. Todo en la ciudad funciona en dólares americanos. Lo que sí que hicimos fue subirnos a su autobús (3 horas y pico), ya que los taxis que ellos nos ofrecías eran muy caros y tampoco estaba la cosa para pasarse de listo. Una vez en el bus, lo siguiente es parar a mitad de camino para "tomar algo". Que no hace ni falta ni nada, porque el camino no es tan largo. Pero como ellos se llevan comisiones de todos estos sitios pues mira... Después de más de media hora de parada reanudamos el camino y al rato llegamos a destino. Lo último consiste en intentar que te hospedes en un hostel de los suyos. Para ello te dicen que pararéis en su oficina. El bus paró en la puerta y Anna y yo nos hicimos los locos y nos fuimos. Allí se quedó el resto del bus... Nosotros cogimos un Tuk-tuk y nos fuimos para el hostal, claro está, destrozados de tan largo viaje. Davide nos estaba esperando, nos hicieron el check-in y nos fuimos a dar una duchita reparadora. Luego, como no, una cervecita y tertulia en la zona chill con Davide y Eric, un chico que también recién había llegado al hostel, de Roses y con unos cuantos días de viaje a sus espaldas. Después de un buen rato de charla y una tortilla de patatas (buenísima, por cierto) nos vimos vencidos y nos fuimos a dormir. El próximo día tocaban los templos... O no...