martes, 17 de mayo de 2011

Koh Phi Phi

29 de abril. Para despedirnos de Patong Beach decidimos dar un paseo por la orilla después de un desayuno demasiado fuerte... Luego cogemos las maletas, hacemos el check-out y nos vienen a buscar para ir a coger el ferry que nos llevará al próximo destino: Koh Phi Phi. Realmente son dos islas que forman el Parque Nacional Marino de Koh Phi Phi: Koh Phi Phi Don, que es la principal, donde está alojada toda la gente, y Koh Phi Phi Leh, deshabitada, en cuya playa, Maya Bay, se rodó la película "La Playa"; aunque Alex Garland al escribir el libro en el que se basa, se inspiró en otro archipiélago tailandés: el Parque Nacional Marino de Ang Thong, en la región del golfo, y que no hemos podido visitar. Después de 1 hora y media de ferry, durante el cual el sol pasó a través de las nubes para darnos sin piedad alguna, llegamos a la isla. Nos espera un trabajador del hotel, a nosotros y a unos cuantos más, y nos lleva las maletas hasta allí. Estamos bastante apartados del bullicio, que se agradece, pero estamos en la ladera de la montaña, rodeados de vegetación y de ruidos de bichos todo el día. Al lado de nuestro bungalow pasa la escalera que lleva hasta un mirador desde donde se puede apreciar la formación de la isla: dos islas unidas por un istmo, donde están la gran mayoría de alojamientos. La vista es espectacular. En el mirador hay una foto de como quedó todo después del tsunami... Arrasado por completo... Después de dejar las maletas bajamos al pueblo a callejear un poco para ver el ambiente, a buscar una excursión para el día siguiente y un after sun para hidratarnos un poco la maltrecha piel... Coincidió que esa tarde estaban televisando la boda del principe Guillermo de Inglaterra. Creo, que no estoy muy puesto en la monarquía... Estaban las calles vacía y los bares llenos de ingleses viendo la boda. Parece que ya sabemos de donde viene la mayor parte del turismo a esta isla. De hecho, los flyers aquí los dan gente no thai en su mayor parte. Después de la primera ronda nos fuimos a dar una ducha, pero antes subimos al mirador del que he hablado antes. La segunda ronda consistió en cenar en una especie de restaurante donde tú escoges de una mesa lo que quieres que te preparen, carne o pescado, y te lo hacen allí mismo. Todo riquísimo, sobre todo una pechuga de pollo rebozada... Mmmmm También descargué mi SD en un pendrive para hacer sitio, ya que tenía las otras tarjetas a tope. A parte de los bares, tiendas de todo tipo, restaurantes y puestos de comida callejeros, una cosa que abundaba eran los locales de tatuadores con bambú. Un método más tradicional y menos agresivo que con la máquina y que, según leímos y luego nos explicaron, no te impide ni tomar el sol ni bañarte en la playa o en la piscina. Ah, tampoco es necesario un cicatrizante ni nada parecido. Después de un par de vueltas y de cogernos un pancake tailandés, nos fuimos al hotel. Por cierto, se llama Phi Phi Arboreal, y si le hicieran el mantenimiento adecuado, estaría muy bien. Aunque la tónica de la falta de mantenimiento es algo que se ve en muchos hoteles. El estar en la colina, rodeados de verde, trae cosas como una mantis religiosa no precisamente pequeña subiendo por el cristal de la puerta de la terraza o una de mosquitos que no veas. Para entrar a la habitación contábamos hasta tres para dejar la puerta abierta lo menos posible; cosa que hemos mantenido para todos los demás hoteles... Y hasta aquí la primera tarde en Phi Phi... El día siguiente se preveía duro. Good night!

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