Día 3 de mayo. Día de traslado. Pero como esta vez el ferry sale bastante tarde, nos tomamos la mañana para perdernos por las calles del Haad Rin. La verdad es que no entra dentro de nuestros planes hacer mucho gasto en las tiendas durante el tiempo que nos queda en Phangan, pero al final algo acaba cayendo… como no!
Tomamos algo fresquito en el mismo restaurante de la noche anterior y entramos en algún que otro local para hacer tiempo, ver si hay algo interesante y aprovecharnos del aire acondicionado (sobre todo por esto último), pero no hay mucha cosa que llame nuestra atención.
Volvemos caminando hacia el hotel a ver si por el camino encontramos algún sitio donde comer algo ligero antes de que nos lleven al muelle desde donde sale el ferry, pero la verdad es que, para ser un sitio turístico, la cosa está un poco parada. Total, que acabamos llegando al hotel y decidimos que lo mejor será comer allí mismo y así nos quitamos de rollos. Un punto a favor de este plan es que la piscina está allí, mojadita y deseosa de vernos dentro, y claro, no podíamos defraudarla…
Al llegar nos damos cuenta de que hay clientes nuevos en el hotel. Bueno, clientas, y tres para ser exactos. Supongo que la del día anterior se debe haber ido ya muerta de pena. Esto lo digo porque los únicos hospedados en el hotel durante estos días (que yo sepa) han sido estas tres chicas, la del primer día y nosotros dos. Y no, al parecer la culpa no es de que el hotel sea muy chungo.
Al acabar de comer, recogemos las maletas y vamos a recepción donde nos espera un chico que nos llevará al muelle. A él le pregunto que a qué se debe que se vea tan poca gente por la isla. La respuesta es bastante esclarecedora: antes y después de la Full Moon Party no va ni el Tato. Durante los días de la fiesta los hoteles están hasta la bandera, pero para ir a las demás fiestas la gente no se mueve. En definitiva, hicimos bien en no ir a la Black Moon y para la próxima ya lo sabemos, que haya luna llena…
Nota aclaratoria: Koh Phangan está muy bien para perderse unos días aunque no quieras ir de fiesta. A nosotros no nos ha importado demasiado y disfrutamos mucho de nuestra excursión en moto.
Después de iluminarnos con la información, nos dejó en el muelle en Thong Sala, donde nos tocó esperar un rato a que llegara nuestro catamarán. Llega tarde, como viene siendo costumbre del transporte tailandés, pero una vez zarpa, en media hora estamos en Koh Samui. Llegamos a un muelle montado en una playa, lo cual es bastante chocante. Parecía que veníamos de una excursión o algo así. Aunque de hecho creo que algunos de los que venían en el ferry sí que venían de una excursión de las muchas que se organizan desde Samui, porque no llevaban ni maleta ni nada. Con el ticket que teníamos nos entraba el transporte del muelle al hotel, así que nos esperamos a que saliera el minibús que nos tenía que llevar a nosotros. No me suele pasar, pero no tenía ni idea de donde llegaba el barco y donde nos tenía que llevar… Normalmente sé hasta la distancia que lo separa, pero mira, la comodidad de llevar todo preparado es lo que tiene. De todas formas, después al mirar los mapas, casi puedo asegurar que llegamos a Nathon, en la parte oeste de la isla. Nuestro hotel, The Loft Samui, está en Chaweng Beach, en la costa este, por lo que atravesamos Samui para llegar. Chaweng es la zona más turística de toda la isla y donde se reune el mayor número de locales de ocio. Como ya he comentado antes, iba poco preparado, así que nos podrían haber llevado al culo de la isla y es lo que hubiéramos conocido, así que nos habríamos conformado.
El hotel es el mejor de los que hemos visitado y es bastante céntrico. Está al lado de un mercado que suelen hacer los martes, así que tuvimos suerte, ya que tocaba el día en que llegamos.
Después de ducharnos, nos fuimos a dar una vuelta por el mercadillo para aclimatarnos un poco con el ambiente del lugar. Le echamos el ojo a alguna cosa que otra para comer (pinchos, fideos, frutas,…) pero dejamos para más tarde lo de hincar el diente y vamos a andar por la calle principal de Chaweng.
La cosa se resume en tiendas y más tiendas, casas de masajes y casas de masajes con final feliz (anda que no cantan…) y sastres... A la zona de marcha no llegamos, pero no quedaba muy lejos.
Del tema sastres acabé hasta el gorro, por no decir otra cosa. Y es que su táctica es coger a los incautos extranjeros y comerles la cabeza en la puerta de su local para luego meterlos a traición dentro. No sé cuantos lo intentaron conmigo, pero acabaron con mi paciencia. Te ven venir, te extienden la mano para que se la des y luego no te la sueltan aunque caiga una bomba al lado. Da igual que les digas que no piensas comprar trajes, ellos te dan la vara. Supongo que les debe funcionar, porque me tocó uno que, después de decirle que no iba a comprar nada, continuó hablando tonterías hasta que me dijo “aquí fuera hace mucho calor, ¿entramos dentro?” y le tuve que mandar a paseo directamente. A partir de este no le di la mano a nadie.
Bueno, el caso es que volvimos y nos metimos en el mogollón del mercado y nos pusimos a dar vueltas mirando los puestos y decidiendo de donde íbamos a comer. El primer plato estaba asegurado: unos fideos que vendían nada más entrar. Lo demás estaba por ver. Lo que quedó por probar fueron los bicho al final, pero no importa, ya se andará.
Para bajar la comida quisimos ir a la playa a andar un poco. Y hay que ver un deseo tan simple sea tan difícil de llevar a cabo. Parecía que no había calles directas a la arena. Al final optamos por atravesar uno de los muchos hoteles que bordean la playa y dejarnos de chorradas. Algo que no se les ocurrió a una pareja de argentinos que nos encontramos al día siguiente paseando, y que después de estar allí tres días y no haber visto el agua, la desesperación les llevó a preguntarnos a nosotros que cómo coño se iba a la playa… Increíble!
Pues andamos un rato por la oscuridad de la arena y nos fuimos a tomar la última al Pub del hotel, donde estaban tocando música en directo. Un buen final de día…
No hay comentarios:
Publicar un comentario