Día 5 de mayo. No aprovechamos demasiado la mañana que teníamos libre antes de irnos. Caía un sol de justicia y de lo que menos teníamos ganas era de estar bajo él. Así que nos limitamos a ir a un local de cambio de moneda y volver al hotel, a la protección del aire acondicionado de la habitación.
Nos venían a buscar al hotel sobre las 12, pero en la línea de estos chóferes, llegó media hora tarde. Luego nos llevó de ruta por la isla, recogiendo a más pasajeros, hasta llegar al muelle en Thong Yang (no sé si es el nombre del muelle o de la zona) desde donde salía el ferry hacia Don Sak.
En este caso a nosotros no nos pusieron ningún tipo de adhesivos. Supongo que porque nos quedábamos en Surat Thani. A algunos de los otros pasajeros, por ejemplo, les pusieron Bangkok y pararon antes para esperar a otro bus que les llevara hasta el destino final.
Metimos las maletas en el autobús en el muelle de salida directamente, ya que venía con nosotros en el ferry. Lo dejamos en la entrada y lo recogimos en la parada de bus en Don Sak.
Después de unas cuantas horas, entre ferry y bus, llegamos a Surat Thani. En la parada ya nos estaban esperando multitud de tuk-tuks ofreciendo sus servicios. Negociamos con él el trayecto hacia el hotel y también el de la mañana siguiente para llevarnos al aeropuerto. Le pagamos una parte cuando nos dejó en el hotel y rezamos porque viniera a la mañana siguiente a buscarnos…
Llegando al hotel dentro del tuk-tuk observamos la zona y vimos que no había prácticamente nada alrededor; sólo un centro comercial, un Tesco-Lotus, que iba a ser nuestra salvación de un aburrimiento extremo.
Después de hacer la entrada y dejar las maletas, nos fuimos para el centro comercial a dar vueltas y más vueltas. La verdad es que tampoco daba para mucho, porque los precios eran más occidentales al ser tiendas normales, pero nos dio la posibilidad de ver a los tailandeses en su día a día. Éramos los únicos farangs del lugar, a excepción de una pareja que vimos de pasada y que justo salía por la puerta. Creo que no están muy acostumbrados a ver extranjeros por allí, porque no paraban de mirarnos. Además que casi nadie hablaba inglés, así que lo hacíamos todo en plan indio.
Nos metimos en la zona de supermercado a comprarnos el desayuno para el día siguiente, ya que nos levantábamos demasiado temprano como para aprovechar el del hotel. Es increíble la cantidad de variedad de todo que tienen estos orientales. Desde galletas hasta fideos instantáneos. Tendrías que estar un mes desayunando, comiendo y cenando fideos para probar todas las variedades que tienen… Luego está el tema del arroz, allí no se andan con tonterías, los paquetes son de 5 kgs por lo menos.
Después de investigar un poco nos fuimos a comer algo a un restaurante de una cadena japonesa que había en la planta baja, Hachi-Ban Ramen, y que en su logo tiene un 8 dentro del un círculo. Te ponen unos cuencos de fideos con carne que quitan el sentío!
Una vez tuvimos el estómago lleno, fuimos a dar una última vuelta por el centro comercial, a ver si le podíamos sacar algo más de jugo, pero aquello no daba más de sí y nos fuimos caminito del hotel.
Qué decir que aquello estaba más que muerto, así que después de estar batallando con los mosquitos un rato en la puerta, nos fuimos definitivamente a la habitación. Después de todo, habíamos quedado a las 6 de la mañana con el tipo del tuk-tuk…
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