Día 4 de mayo. Para este día se barajó la posibilidad de hacer una escapada de un día al Parque Nacional Marino de Ang Thong, pero la perspectiva de estar todo el día en un barco y la paliza que ello conllevaba, unido al coste de la misma (entre 35 y 42€ por cabeza) nos lo quitó de la cabeza. Pensamos que lo mejor sería que al final pasáramos el día de relax en la playa y poca cosa más. Bueno, sí, una cena en una de las muchas braserías que había a pie de calle, a la que habíamos echado el ojo la noche anterior.
Con esta idea nos levantamos con la calma y nos fuimos a desayunar al restaurante del hotel. Una vez finiquitado cogimos los bártulos y no fuimos calle abajo buscando un hotel a través del cual pasar a la playa. Esta vez nos lo pensamos menos que el día anterior, ya que sabíamos como funcionaba el tema. Teníamos pensado llegar a una playa situada al sur de la principal y separada de esta por una lengua de tierra, con casas y todo; pero teníamos que salir de nuevo a la calle para ir y estábamos bastante agobiados del sol, así que nos quedamos hacia el final de la playa principal. Hay que decir que la playa en sí está un poco sucia. La zona donde pusimos las toallas era de lo mejor, supongo que porque había unos metros hasta el primer hotel. Igualmente tampoco aguantamos mucho al sol, y tuvimos suerte de encontrar la sombra de un par de árboles donde meternos, porque si no no habríamos aguantado demasiado.
Después de unos cuantos baños nos fuimos a comer. Quisimos probar un restaurante bastante simple, sin puertas, pero que el día anterior vimos que tenía bastante clientela. En verdad parecía como un puesto callejero pero con paredes. Los cubiertos estaban es un tupper en la mesa, junto a otro tupper con diferentes especias y salsas. Bastante pintoresco. Nosotros nos sentamos al lado de un altar de estos que ponen ellos, con muñecos y comida y bebida como ofrenda. Hay que decir que triunfamos, estaba todo bueno y además nos costó muy poco.
Cerca del local había una explanada bastante grande que daba a un garito de playa y a un hotel. Fuimos hacia allá con la idea de tumbarnos en la arena un rato. Ahora se estaba mejor al sol, pero ya no nos quedaban muchas ganas de playa y nos fuimos caminando por la orilla hacia el norte de la playa. Nos paramos a tomarnos algo en un bar donde estaban pinchando buena música y montando los adornos para la fiesta de la noche. Decidimos que le daríamos una oportunidad más tarde.
Nos fuimos caminando al hotel por la calle principal, esquivando a los sastres, para ducharnos y vestirnos para ir a cenar más tarde.
Cuando estuvimos listos fuimos a la brasería que teníamos calada de la noche anterior, diciendo que no a los demás camareros de los otros restaurantes que nos salían al paso y, otra vez, esquivando a los sastres…
Esta fue la comida más cara de todo el viaje, y aún así nos costó poco más de 20€ los dos. Consistía en una parrillada para dos personas, con maíz, patatas y algo más, que ahora no recuerdo.
Totalmente llenos nos fuimos a buscar el bar en el que habíamos estado por la tarde. Por la noche había mucho más movimiento y variedad de locales de ocio de todo tipo. Cuando llegamos al sitio, allí estaba el DJ dándolo todo y toda la playa llena de gente, sentada en las mesas y las tumbonas del bar. Nos pedimos un par de cócteles y buscamos un sitio donde sentarnos.
Por allí merodeaban los autóctonos haciendo negocio con cualquier cosa. Había el que te sacaba la foto con un mono o con una iguana. Los niños que te vendían collares de flores. Los que te ofrecían encender una lámpara de estas de papel que se elevan hacia el cielo. Pero lo que más me sorprendió fue que me vinieran con un Conecta-4 para apostarse 100 Baht… lo que también se ve demasiado por estos lugares es la prostitución. Me atrevería a decir que la mayoría de chicas tailandesas que había por allí se dedicaban al negocio. Se nota demasiado… Por ejemplo, nosotros vimos a un par de cuarentones, casi cincuentones, marcharse con una chica que tenía el aspecto de no ser ni mayor de edad…
Bueno, el caso es que la música era buena y estábamos entretenidos viendo el panorama, así que nos tomamos un par de cócteles antes de dar por terminada la noche. El sitio este de la playa creo que se llamaba B-Club, o algo así, pero no estoy seguro. Vale la pena pasarse si se está por Chaweng Beach. Algo interesante también de esta zona de playa es que hay multitud de locales con música en directo, así que si no estás bien en un sitio, te vas otro y punto. En casi todos puedes ver lo que se cuece dentro desde la calle, lo que también es una ventaja. De regreso al hotel nos paramos fuera de algún que otro sitio que tenía bastante buena pinta. Si decido volver por Samui, ya haré alguna ruta de bares… jeje.
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